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Me desayuno

Es un placer extraño para una madre y esposa desayunar a solas en su propia casa.

No quiero parecer insolidaria, ni una madre irresponsable, pero el día a día cotidiano nos hace añorar lo que ya rara vez tenemos. En mis desayunos hay habitualmente cafés y colacaos, tostadas y besos maternales, mermeladas y mantequillas, pero no hay silencio ni intimidad.

Hoy sí lo hay.

“Una conjunción familiar hace que esta mañana de sábado Julia desayune sola”.

Casi no puedo ni creérmelo pero, desde luego, lo voy a celebrar. Una madre nunca sabe cuando será la próxima vez que tenga el raro placer de desayunar en silencio y sin necesidades urgentes que auxiliar a su alrededor.

Me voy a celebrar mi propio desayuno privado.

Cerca de la urbanización hay una pastelería delicatesen que hace unos bollos de mantequilla para derretirse de placer. Es precisamente lo que necesito. Sandalias, vaqueros ajustados, camiseta desenfadada y el pelo recogido para darme un paseo hasta ese lugar de vicio y perdición que, para cualquier mujer, es una pastelería. Pocos hombres conocen el secreto de cómo llegar entre nuestras piernas a través de nuestro paladar. Una verdadera lástima. Con este pensamiento en la cabeza llego al establecimiento. Un verdadero cerebro en marketing contrató como dependienta de los fines de semana a una dulce chica morena, de voz angelical y ojos de hada, todo amabilidad. Ella no lo sabe pero hoy es cómplice de mi placentero desayuno secreto a solas. Me despacha los bollos en una bolsa de papel muy sofisticada mientras me hace, entre sonrisas, las preguntas normales sobre mis hijos.

- Se han ido todos, hoy desayuno sola.

En su mirada me parece ver algo de entendimiento, comprensión de la tranquila y sensorial celebración de mi desayuno a solas. Con su dulce sonrisa y mi bolsita de papel rellena de bollos del pecado me vuelvo a mi casa. Ya en la urbanización, saludo a varios vecinos que me devuelven miradas educadas y algún soslayo breve a mi cuerpo. Noto en sus saludos que más de uno de ellos estaría gustoso de venir a desayunar a mi casa hoy. Está bien tenerlo en cuenta. El futuro es largo.

Pero hoy desayuno sola.

Espontáneamente, en cuanto atravieso la puerta sé lo que tengo que hacer. Una ocasión especial como esta merece un atuendo especial. Por eso las sandalias se quedan en el mueble y los pantalones y el top se acomodan en un taburete de la cocina. Qué mejor manera de desayunar conmigo misma que hacerlo en lencería. Unas braguitas suaves de blonda celeste y un sujetador que le va a conjunto. Cómoda y sexy.

¿Cuántas mujeres en el mundo habrán puesto la cafetera en bragas y sujetador?

Desde luego, muchísimas. Hoy soy una más de ellas. Este sencillo acto, impropio en un hogar familiar, me hace ser más consciente del raro festejo que estoy celebrando. En seguida el olor del café llena la cocina. Creo que nunca os lo he dicho, pero el olor del café recién hecho por las mañanas me resulta muy erótico. También el de las tostadas. Nunca lo he consultado con un especialista pero sería divertido ver la cara que pone un psicólogo si le cuento algo así. Por supuesto, hago tostadas para acompañar ese café que está hirviéndose. También troceo un mango y unto con mermelada de fresa mis bollos de mantequilla.

Todo mi festín en un plato y una taza.

Me siento en el taburete. Nunca había sentido la piel de los taburetes de mi cocina directamente sobre mis nalgas y la parte superior de mis muslos. La sensación es nueva, diferente. Me siento expuesta, aunque no hay nadie más conmigo. Resulta muy excitante. El mango fresco me llena la boca, jugoso. Gotea mi barbilla. En el segundo trozo decido dejarlo gotear en mi busto y noto como resbala su esencia entre mis pechos. Sorbo de café caliente, contraste muy amargo, masculino. Mi propia taza de café me seduce.

El primero de los bollos con mermelada llega como el primer sexo oral: marca el final de los preliminares. Este desayuno está yendo más allá de lo que había pensado. Chupo la mantequilla, lamiendo muy despacio la superficie suave del bollo, antes de tragármelo casi entero. Nunca le había hecho una felación a un bollo de mantequilla. Cojo el segundo y me voy al ventanal. Me apoyo en la pared y miro hacia fuera mientras saboreo más despacio el segundo bollo. Desde mi cocina, casi desnuda, veo pasar a dos vecinos, uno hacia su casa y otro desde ella hacia el coche. Ellos seguramente no me ven, pero otros sí podrían verme ahora mismo desde sus casas. Eso me da un escalofrío. Nunca he sido así en mi ambiente. Es mi primer acto de exhibicionismo en mi urbanización, desayunando en bragas ante el ventanal de la cocina. Puede parecer poco, pero es un gran salto para mí.

Cuando termino el segundo bollo estoy ya cachonda. Noto mi humedad. Puedo incluso olerla. El hecho, raro, de sentir el aroma de mi sexo en mi cocina, entre el olor a café y tostadas, me provoca una curiosa mezcla de pudor y deseo. Cojo la taza de café con las dos manos, como si su calor me confortase en esta sensación nueva para mí. Saboreo la taza mientras veo a una de mis vecinas, Eva, que sale a regar las plantas de su terraza. La observo mientras bebo el café despacio. En uno de sus movimientos de cabeza creo que me ha visto. Al menos, me parece que ha podido ocurrir. El escalofrío es punzante. Pero no me disuade, sino que me dispara.

Es precisamente esa posibilidad la que me decide. ¿Qué pensará de mí si me ha visto? Desayunando en braga y sujetador frente al ventanal, donde podrían verme los vecinos de varias de las casas cercanas e, incluso, alguno desde fuera de las parcelas. Eva no es una de las vecinas cotillas de la urbanización, pero si me ha visto desde luego tendrá su propia opinión. Todo esto me embiste. La excitación está ya en el límite, con un sabor especial que nunca había sentido antes.

Está decidido. Me voy a masturbar aquí, en la cocina. En la misma cocina en la que desayunan mis hijos y preparo café con pastas para las visitas de cortesía.

Me separo del ventanal y apoyo una nalga en el taburete. Mi mano derecha se pierde dentro de mi braga, acariciando mi humedad. Doy otro sorbo al café, que sostengo todavía en mi mano izquierda. Esa taza es el componente masculino en todo esto, no hay duda. Por eso huelo y saboreo su último sorbo justo cuando entierro dos dedos dentro de mí. La humedad me ayuda a hacerlo con suavidad.

Me estoy masturbando. Sin prisa. En mi cocina. En bragas. Desayunando.

No tengo apuros. Gozo de mis labios, de mi clítoris. Me siento libre y extraña, fuera de mi cuerpo, tomada por una fuerza que no conozco. No hay apremio, sólo un dulce disfrute privado que sólo yo entiendo. Mientras me masturbo sigo sosteniendo la taza, pero cada vez mi cuerpo se tensa como una cuerda. El taburete resbala, la mano se sacude, se agita. Empiezo a luchar conmigo misma en mi sexo. El ruido de la porcelana contra el suelo me dice que he soltado la taza. Y no hay instinto de madre, no pienso en recogerla con cuidado y limpiar el suelo. El ruido de la porcelana rota me dispara: soy esa madre que se masturba en la cocina en que desayunan sus hijos y estoy tan entregada que he roto la taza.

Mi sexo se precipita y me consume. Sabiendo perfectamente lo que hago, cojo el plato sobre el que he desayunado y lo tiro al suelo con fuerza, haciéndolo añicos, mientras mi mano sigue hundida en mi humedad. El ruido del plato roto es un orgasmo que me dispara, echándome hacia adelante, sobre la barra, en un gemido. Es entonces cuando me doy cuenta de que llevo minutos rebotando mis jadeos contra el eco de la cocina. La sola idea de que mi sexo suene y retumbe en ese lugar de la casa me hace perder el poco control y vaciarme de tensiones. Me dejo ir en un orgasmo tan dulce como los bollos con mermelada.

Ya no puedo decir que nunca he roto un plato.

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Test Morboso de los Lectores – DIANA (Primera Parte)

EN GENERAL

¿CÓMO TE LLAMAS? – Diana.

¿A QUÉ TE DEDICAS? – Peluquera de caballeros.

¿METROSEXUALES O LOOK DESALIÑADO? – Arreglado descuidado.

¿CR-7 O PREFERIRÍAS A OTRO FUTBOLISTA? – Cristiano tiene un polvazo.

TÓPICAZO: ¿SOMOS TODOS BISEXUALES? – Todos no creo, pero yo sí.

OTRO TÓPICO: ¿EL TAMAÑO IMPORTA? – A mí mucho sí, me gustan las pollas gruesas y todo lo grandes posible.

¿TE GUSTA EL PORNO? – Sí.

¿A QUÉ FAMOSOS TE GUSTARÍA FOLLARTE? – Cristiano me vale.

¿CON QUÉ FAMOSAS TENDRÍAS UN ROLLO-BOLLO? – La novia de Cristiano, jeje.

PERSONAL

¿QUÉ EDAD TIENES? –  27

¿QUÉ EDAD APARENTAS? – Dicen que parezco mayor porque soy alta.

¿ERES ALTA Y ESBELTA O BAJITA Y COMPACTA? – Alta y esbelta.

¿DELGADA, ATLÉTICA, FLACUCHA, CON CARNES…? – Delgada, hago deporte.

¿COLOR DE OJOS? – Azules.

¿PELO? – Rubia con mechas, largo.

¿QUÉ PARTE TE GUSTA MÁS DE TU CARA? – La boca.

¿Y DE TU CUERPO? – El culo.

¿ADÓNDE TE MIRAN MÁS LOS TÍOS? – A las tetas, como a todas.

¿CÓMO CREES QUE SON LAS TETAS PERFECTAS…? – A mí me gustan cuanto más grandes mejor, la verdad. Tengo gusto de tío para eso.

¿Y CON RESPECTO A ESO, LAS TUYAS SON…? – Pues tengo una 100. Yo creo que están bien y los chicos desde luego no se quejan mucho.

¿TUS TETAS SON NATURALES O OPERADAS? – Operadas.

¿CÓMO SON TUS PEZONES? – Muy grandes y abultados, morenos.

¿Y TUS NALGAS? – Apretaditas y redondas, muy sexy.

¿CÓMO ES TU SEXO Y COMO LO LLEVAS? – Me lo quito todo.

¿PIERCINGS O TATOOS? – Piercing en el ombligo, tatoo en el pubis.

¿CUALES SON LOS “PIROPOS” MÁS FUERTES QUE TE HAN HECHO? – Me silban mucho por la calle, comentan, resoplan, pero no me acuerdo de nada que me hayan dicho.

¿Y TE EXCITÓ ALGUNO DE ELLOS? – Me encanta que me silben. Creo que a todas nos gusta. A mí por lo menos me pone. Cuando me silban muevo más las caderas al andar.

EL SITIO QUE MÁS TE GUSTA PARA LIGAR…. – La playa. Estoy muy bien en bikini.

¿Y EL MÁS EXTRAÑO DONDE HAS LIGADO? – Un baño. Al salir del baño de chicas vi que la puerta del de caballeros estaba abierta. Al ver que había un tipo dentro con buena pinta, me quedé mirando. Estaba de lado y se le veía un cacharro grande. Él se dio cuenta de que le miraba y no le sentó nada mal. Lo hicimos allí mismo.

¿DE QUÉ LIGUE TE SIENTES MÁS ORGULLOSA? – Ninguno en especial.

ROPA DE DIARIO, Y DE ESPECIAL – Pues de diario, para estar en la pelu, llevo pantalones muy cortitos o jeans ajustados. Luego por encima llevo una bata cortita para evitar un poco los pelos, me gusta llevarla ajustada y debajo me suelo poner poca ropa. En verano no llevo nada debajo de la bata porque el aire no tira mucho y hace mucho calor dentro. Para salir e ir especial me gusta cualquier cosa ajustada, normalmente sin sujetador.

¿CÓMO TE GUSTAN LOS ESCOTES? – Llamativos y exagerados.

PARA IR SEXY Y GLAMUROSA TE PONES… – Top sin sujetador o vestido corto ajustado. También tengo algún top transparente para llevar con o sin sujetador. Alguna vez voy transparentando pezones.

¿TU DISFRAZ MÁS PROVOCATIVO? – Enfermera sexy, con bata blanca y lencería blanca de encaje debajo. Pasé un poco de frío, pero ligué muchísimo.

¿CON QUÉ PRENDAS DE TU ARMARIO TE SIENTES MÁS CALIENTE? – Transparencias.

¿ROPA INTERIOR PARA SENTIRTE COMO UNA DIOSA? – No llevar.

TU PRENDA IRRESITIBLE PARA ELLOS – Tengo un vestido con muy poca tela, negro, que marca todo. Es peor que ir desnuda porque se ve lo mismo pero es mas sugerente que llevar las tetas al aire.

¿TU MODELO PLAYERO MÁS ATREVIDO? – Una camisola. Es sencilla y nada sexy, pero a veces la llevo sin nada debajo y se nota bastante. Sólo sandalias y camisola es bastante atrevido.

¿HACES TOP LESS? – Siempre.

¿Y NUDISMO? – Bastante.

¿HAS NADADO DESNUDA? – Sí.

¿CON QUÉ ROPA DUERMES? – Culotte y sujetador deportivo.

¿CÓMO TE GUSTA ANDAR POR CASA? – Bata sin nada o culotte y sujetador.

(CONTINUARÁ…)

 

VERANO 2009 (1ª parte): bikinis viejos, bikinis nuevos y demás armamento

bik1Mi verano empieza el día 1 de agosto y termina, en la práctica, el 14 de septiembre.

En España la gente cree que los profesores tienen muchas vacaciones, y es verdad. Lo que más me gusta de mi trabajo es poder disfrutar de un verano tan largo. Además, como trabajo en un centro privado, la disciplina laboral la marcan los jefes, y los míos no quieren saber nada de los profesores hasta que empiecen las clases. Por eso, todo agosto es mío, y la primera quincena de septiembre sólo debo pasar por el trabajo unas horas, para preparar el curso. Como el centro está cerca del mar, no es precisamente un suplicio.

El verano es como una operación militar. Como esas películas donde el protagonista se pertrecha hasta los dientes antes de salir a hacer pedacitos a sus enemigos.

En mi caso, el verano empieza a finales de julio, cuando saco del armario la gran caja de mimbre donde guardo los bikinis y el material de verano para hacer recuento. Por supuesto, antes de ese día ya he ido mucho a la playa, porque vivo en una zona donde tenemos unos ocho meses de playa al año, pero por algún motivo, hasta agosto sólo uso dos o tres bikinis, los que están más arriba en la caja.

Este verano la exploración se anticipó. Como sabéis, saqué los cajones de mi lencería para contaros el contenido de cada uno de ellos. Unos días después de aquello también lo hice con la caja que guarda los bikinis, dispuesta a escribir un nuevo post para vosotros, pero las vacaciones se me adelantaron y no pude terminarlo. Una lástima, porque estuve una hora haciendo pruebas delante de mis espejos.

EL ARTE DE VESTIR EL BIKINI

El arte de vestir el bikini es sutil, y no está demasiado cultivado. No hay múltiples tamaños de bikini (como sí ocurre con los zapatos, por ejemplo), sino que se agrupan en unas pocas tallas genéricas. Pero las mujeres sí tenemos múltiples formas y tamaños, de pechos y culos. Por eso se debe escoger el bikini. Personalmente, me gusta que la parte superior quede bien ceñida al pecho, pegada a la piel sin hacer dobleces o bollos extraños, mientras que para la braguita o tanga prefiero que sea un poquito menos apretada.

No soy de “Operación Bikini”: hago mucho deporte todo el año y soy frugal comiendo. Pero siempre hay alguna sorpresa y en esa tarde obtuve dos: mi culo ha adelgazado, por tercer verano consecutivo, y, contra pronóstico, mis pechos han crecido un poco, cosa que no ocurría significativamente desde que fui madre. Por supuesto, el culo y los pechos, como los muslos, crecen y decrecen constantemente, pero con lencería no se nota tanto porque es regulable y se adapta. Es cuando saco esos bikinis del fondo del cajón, que no veo desde que el año pasado los saqué del mismo sitio, cuando noto las sutiles diferencias de volumen.

Este verano no es igual. Ahora soy una bloguera respetada por una pequeña comunidad de personas que me conocen desde un punto de vista íntimo, y me respetan por ser morbosa. Así que esta vez, mi selección de los bikinis que van “a la maleta de las vacaciones” fue más atenta que nunca, para asegurarme que cada modelo estaba a la altura. Me sentí como el entrenador de la Selección de fútbol, dando mi lista de convocados y descartados para agosto.

DESCARTADOS

Tampoco es cuestión de llevarse la casa a cuestas, pero este año quería un buen surtido. Los bikinis no ocupan mucho y pesan apenas nada. Curiosamente, dejé en el cajón los dos que me compré el año pasado, uno verde oscuro sin tiras y uno rosita con tanga, porque ahora aflojan un poco más de lo que me gusta. Contra pronóstico, descarté también el bikini con el que he estado yendo a la playa: la braguita es demasiado seria y ahora me debo a mi “público”.

CONVOCADOS

Igual que en fútbol hay defensas y delanteros, que no se dedican a lo mismo, también hay diferentes bikinis según su función. No, amigos míos, no todos los bikinis son iguales ni sirven para lo mismo. 

*Bikinis “de estar”

Quien vive en donde hace mucho calor en verano sabe bien que hay días enteros que no te quitas el bañador, ni siquiera dentro de casa. Esto también nos pasa a las mujeres, con diferencia que no es lo mismo pasearse por el barrio para un hombre en bañador que hacerlo con el bikini de la playa. Se puede hacer, claro, pero digamos que hay bikinis que parecen más adecuados para estar en casa, en una terraza o salir a comprar el pan para los bocadillos.

Para este agosto escogí dos bikinis “de estar”, que son dos de mis bikinis favoritos. Uno de ellos, de algodón salvaje blanco, con flores verde oscuro bordadas en la parte de arriba y tiras bastante gruesas, mientras que por debajo es un culotte verde musgo. Me gusta porque es cómodo y, aunque tapa bastante, hace un escote sugerente y apretado, y un trasero favorecedor. El otro es color naranja pálido, con top asimétrico de una sola tira en el hombro izquierdo, y braguita un poco baja. Este bikini lo tengo desde hace mucho y siempre me ha gustado. Tiene aspecto de prenda de baile, pero me gusta porque es cómodo y fresco y, al ser de color liso, potencia mucho el volumen de mis pechos sin necesidad de enseñar.

*Bikinis de paseo

Son bikinis “bonitos”. Esos que usas para ir a la playa, pero no para tomar el sol. O para nadar en la piscina del hotel, pero no para tomar el sol. Incluso para pasearte, pero, desde luego, no para tomar el sol. Las mujeres somos muy complicadas. La mayoría de bikinis que tengo son de este tipo. Metí en mi maleta solo tres, pero son tres pequeñas obras de arte, sobre todo cuando los llevo puestos sobre mi cuerpo.

Uno de triángulos, braguita de atar, color fucsia metalizado, que resulta espectacular porque brilla mucho y los triángulos, rígidos, hacen un volumen y un escote impresionantes. Otro, similar, pero gris perla, hecho con una tela de superficie brillante, y que en vez de un cordel uniendo las copas en el canalillo lleva un aro de metal, y otros dos aros más en cada lado de la cadera, uniendo las partes de la braguita. El último, no puede faltar, un bikini color oro viejo, sofisticado, de tiras muy finas, con un vestido muy corto de redecilla dorada a juego.

*Bikinis de playa

Pensados por y para tomar el sol y minimizar las marcas, nada recomendables para los dos usos anteriores. No sirven como bikinis “de estar” porque tienen tan poca tela que, a cada movimiento, te tienes que volver a meter un pecho, o sacar la braguita de las nalgas. Y tampoco sirven como bikinis de paseo, a menos que el paseo lo hagas con media docena de guardaespaldas que aseguren que vas a volver a casa entera y vestida.

Mis bikinis de playa son realmente chiquititos, porque prefiero que las marcas sean mínimas. Escogí tres, realmente muy parecidos, en colores blanco, amarillo y negro, a cual más pequeño. El blanco es el único con braguita, aunque es una brasileña muy ligera, que marca y transparenta un poco, más aún si se moja. El amarillo es de tanga, y por arriba la tela es algo más amplia que los otros dos, pero es muy fina y no tiene forro, marcando absolutamente todo. El negro es el bikini más pequeño que tengo; tanto que por arriba tapa no mucho más de lo necesario, dejando una franja de mi pecho descubierta por debajo de los pezones, mientras que el tanga, además de fino, es muy bajo por delante, dejando al descubierto algo del inicio del pubis. Me lo compré hace dos años y cuando mi marido me lo vio puesto por primera vez, fue la primera vez desde que lo conozco que se puso realmente celoso. Para eso inventamos las mujeres la excusa de que no nos gustan las marcas del sol.

CAPÍTULO DE FICHAJES

Todos los veranos actualizo mi colección, y siempre compro uno o dos bikinis nuevos. Este año quería una buena variedad, para cambiar cada día, y por eso salí a comprar con otro punto de vista, imaginando que la gente que leéis este blog estabais conmigo aconsejándome sobre los modelos. Al volver traía cuatro bikinis. Es el verano que más piezas nuevas compro.

-Bikini “de estar”, color turquesa, tiras paralelas y estilo balcón por arriba, fruncido en medio, y con culotte por abajo. No es para la playa: demasiada tela (dejaría unas marcas de sol enormes). Me gustó la forma que me hace en los pechos, hacia adelante, muy llamativa.

-Un bikini étnico, sofisticado, color marrón mate, con flores bordadas y tiras finas. Por arriba de anudar, y por abajo braguita con abalorios. Y con pareo transparente a juego, sirve como bikini “de playa”, pero es un bikini “de paseo”.

-El bikini que siempre quise tener y no me había atrevido a comprar: un bikini de punto calado color hueso, con braguita de tiras muy finas. Una preciosidad. Tapa poco, y lo que tapa se puede ver sin mucha dificultad por los agujeritos del punto. No tengo muy claro qué tipo de bikini es, porque no sé de nadie que se atreva a ponérselo.

-Para coger buen sol, un bikini de playa, celeste, triángulos pequeños y tanga de hilo. Por arriba entra en lo normal hoy día, pero el tanga es diminuto. Típico modelito que se lleva bajo la ropa y no se enseña hasta que no queda más que ponerse a tomar el sol, para deleite de los que están cerca.

COMPLEMENTOS

-Una pamela de paja y otra blanca, recién comprada, para poder pasearme como una diva.

-Una gorra deportiva, gris vaquero, porque el tono deportista también tiene su punto.

-Dos pareos largos, crema y naranja pálido, y dos cortos, semitransparentes.

-Dos camisolas de playa sin botones, con cinturón, hueso y turquesa transparente.

-Tres vestidos de playa, todo con botones por delante, color arena, blanco y amarillo.

-Minishorts, dos de algodón fino (blanco y marrón) y otros dos vaqueros, para usar sobre los bikinis de playa si tienen tanga por debajo, porque ir en tanga por la calle puede ser tentador, pero quizás exagerado para una madre.

En total doce bikinis en mi maleta, además del catálogo de complementos. Una buena selección destinada a grandes momentos.

ad.ultera@ymail.com

Lencería de una madre – Mi ropa interior

Un lector y amigo me ha propuesto que hablase de mi ropa interior. No se me había ocurrido, pero en cuanto he leído la propuesta, me ha parecido interesante. Ahora mismo estoy sola en casa, lo estaré durante un buen rato, así que he decidido sacar los cajones de la lencería y ponerme a escribir sobre ello. Suficiente tiempo para hacer inventario de mis tejidos íntimos. Para empezar, no creo que mi lencería responda al estereotipo de “lencería de una madre”, por desgracia para otras madres. También es verdad que soy una madre especialmente joven, y que en eso tengo mucha ventaja, porque soy “joven y madre”, que es como yo prefiero verlo.

Me gusta ser madre y tener tangas y transparencias, no sólo por poder ponérmelos, sino especialmente porque esa mezcla entre morbo y respetabilidad me provoca cosquilleos. Adoro la lencería. Cuido mucho mi vestuario, pero sin duda la lencería es una parte que me ha gustado siempre especialmente. Por eso tengo un mueble cajonero entero con lencería. Puede decirse que colecciono ropa interior, y también ropa de baño. Pero hoy toca la interior. Examinemos cada cajón, contando de arriba hacia abajo.

Cajón nº1: el cajón de las braguitas

Me gustan las braguitas (bombacha, calzón, pantaleta o blúmer, según el país de América Latina de cada lector). Las considero más nobles que los tangas, y por eso las uso tan a menudo como a sus camaradas. No uso “bragas de mercadillo”, sino lencería cuidada. Viéndolas ahora mismo, tendidas sobre mi cama, me doy cuenta de que hay un cierto estilo mayoritario, aunque hay mucha variedad.

Un especialista en estadística sacaría algunas conclusiones, y muchas de ellas son inesperadas para mi:

-Me gustan los colores fuertes (naranja, turquesa, amarillo), pero sólo hay una de color rojo y ninguna rosa.

-No tengo ninguna de color “carne”. Al parecer, me deshice de todas, afortunadamente.

ApH (Aclaración para Hombres): el color “carne” es ese horrible color, más oscuro que la piel, que se le pone a alguna lencería y le da aspecto de braga de la abuela; supuestamente para que no transparente, siempre resulta mucho más visible, y fea, que cualquier lencería de otro color.

Erotismo_traseros_ziza_7- El blanco gana al negro por goleada, pero no es un blanco-liso-algodón, lo que en España se llama “blanco Princesa” porque es el color de las braguitas de cuando eres niña, sino un blanco-marfil con transparencias o bordados.

-Los tejidos que dominan son lycra y blondas, y hay pocas en algodón.

-Para mi sorpresa, casi la mitad son de estilo brasileño, aunque las bragas brasileñas no me gustan especialmente ni me resultan muy cómodas. ¿Quién las habrá comprado?

ApH: “estilo brasileño” significa que la parte de atrás de la braguita es mas estrecha de lo normal, con lo que se queda como la mitad de cada nalga fuera de la tela.

-En la decoración, hay muy pocos bordados y encajes, pero la mayoría son transparentes, en mayor o menor grado. Son mis favoritas. No hay apenas estampadas, y sólo tengo una con palabras impresas: fue un regalo de amigas, y creo que nunca me las he puesto.

-Soy muy ordenada: en este cajón no sólo no se me ha colado ningún tanga, sino que tampoco hay ningún culotte. Mi madre estaría orgullosa de la organización de mi cajonera.

-Casi todas son de tiras finas pasando por encima de las piernas. Y las pocas que no son de tiras, son de “cuello alto”, lo que explica porque se me asoman a veces por los lados cuando llevo vaqueros, y por eso creo que uso mucho menos este tipo de braguita que las de tiras. Todo tiene una lógica.

ApH: “cuello alto” significa que la cinturilla es un poco más alta de lo normal, sobre todo por los lados encima de las piernas. Es un corte que se usa más en bikinis y trajes de baño, porque estiliza los muslos.

-De todas las del cajón, mi favorita es una de estilo brasileño, tiras finas, de blonda totalmente transparente y color naranja y muy baja de cuello. Es tan bajita que el principio del pubis y un poco de culete se quedan sin tapar. Tengo tres iguales, y hacen conjunto con un sujetador y un top del mismo color. Si me agacho cuando las llevo, con pantalones, se puede ver un poco de mi culito si no tengo cuidado, y por delante asoma el inicio de mi pubis.

-Las braguitas que están en este cajón son “de uso diario”, y viéndolas por encima, me reafirmo en que tengo una lencería muy cuidada y sexy para uso cotidiano.

Cajón nº2: el mundo de los tangas

Antes decía que me gustan más las braguitas, pero es verdad que cada vez uso más tangas. Soy de la generación que, en España, vivió la introducción del tanga como prenda de moda. Lo probé y al principio no me gustaba demasiado, pero por su comodidad, lo uso casi a diario. Cuando te haces al caminar con el cordel entre las nalgas, ya está todo hecho.

ApH: aunque muchos hombres suponen que las chicas usamos tanga “para provocar”, la realidad no es así, la mayoría usamos tanga porque, con los pantalones, es más cómodo, sobre todo en verano, y no se marca tanto. Aunque es como todo, para gustos, y hay muchas chicas que no están cómodas con tanga, y también algunas que se lo ponen… para provocar.

Lo bueno del tanga es que no marca con pantalones, es ligero, no da calor, ocupa muy poco para hacer equipajes y en los cajones, y, para uso diario, además te sientes un punto descarada llevándolo. Si además llevas minifalda, en algún momento quien te vea puede pensar que vas sin lencería. Lo malo del tanga son sobre todo dos cosas: se gastan mucho más rápido que las braguitas (se enredan, arrugan, cogen bolitas, te los roban…) y, sobre todo, es más difícil de conjuntar, porque normalmente se compran en packs de 3 o más, sin combinar con un sujetador, mientras que las braguitas normalmente tienen posibilidad de combinarse con un sujetador.

-Por el contrario a las braguitas, la mayoría de mis tangas son de algodón, pero también hay algunos de blonda y tules, y sólo hay un par de lycra. La blonda es la tela más sensual, porque además de ser transparente, es muy suave y te sientes acariciada por ella, aunque… se humedece muy rápido.

tng-Por detrás, sobre todo son de triángulo fino. Me gustan más y me parecen más delicados que los de cordón o “hilo dental”, porque el cordel tiende a enroscarse y queda muy feo.

-Los tangas “sueltos” (que no conjuntan con un sujetador o un top) son mayoritariamente de color rojo o rosa fuerte. Es curioso, porque casi no tengo braguitas de estos dos colores, pero en los tangas son mayoritarios. También hay bastantes naranjas, amarillos y negros.

-Sólo tengo dos tangas blancos, los dos de blonda transparente y los dos son parte de un conjunto de lencería y son los que más uso. Y tengo un tanga de leopardo, aunque no recuerdo habérmelo puesto nunca desde mi despedida de soltera (¿quizás ebria…?).

-En general, mis tangas son más juveniles y menos “sofisticados”: hay bastantes de colores vivos, con dibujos, lunares o listas. De hecho, en la colada debo separarlos bien, porque no es la primera vez que se confunden con alguno de mis hijas, mientras que con las braguitas no suele pasar porque las mías son mas sexy y las de ellas mas juveniles.

Cajón nº3: sujetadores y conjuntos

El sujetador (sostén, brassier), normalmente, se compra suelto, sin hacer conjunto. Esta es una revelación que a muchos hombres les va a llamar la atención. Pero es que esta prenda es mucho más cara de lo que puede ser una braguita o un tanga. Como a mi no me gusta nada llevar el sujetador diferente a la braguita/tanga, lo que hago es ir a una tienda donde están conjuntados, de forma que por cada sujetador te compras dos o tres braguitas y dos o tres tangas, a veces de formas diferentes pero el mismo color o diseño, que hacen conjunto con él.

El sujetador me parece la prenda femenina más sexy, y por eso los cuido especialmente. Pero ocupan mucho (no conviene aplastarlos), así que tienen un cajón para ellos solos.

Mi talla de sostén está, normalmente, entre la 90c y la 95c, dependiendo del modelo, si lleva o no relleno o aros, y si es un sujetador para marcar el pecho redondito (90c) o más bien uno para estar cómoda y con escote (95b o 95c).

Si alguien quiere un recordatorio sobre mis pechos:

http://diariodeunaadultera.wordpress.com/2009/05/26/mis-pechos-siempre-estan-invitados/

-Casi todos los sujetadores que tengo hacen conjunto con una o varias braguitas/tangas de los cajones 1 y 2. Me gusta ir siempre combinada y arreglada. Por eso, la mayoría son del estilo de las braguitas: colores fuertes, muchas transparencias y algún encaje. Sólo tengo un sujetador rojo y un sujetador blanco, aunque negros tengo varios.

rubiard-El tipo de sujetador que prefiero, con el que me siento más sexy, es el que se suele llamar “de capacidad”, con aros en la copa y muy adaptado al pecho para que quede bien y no haga bultos sobre la ropa. Casi todos los que tengo son así, aunque cambia un poco el corte y la forma del escote en función de la marca. Con esos te sientes muy femenina y vas pisando fuerte.

ApH: los “aros” son precisamente eso, unos aros metálicos, flexibles, que se colocan por debajo de la copa, bajo el pecho, para que mantenga su forma.

-También tengo tres sujetadores “sin aros”, uno negro de encaje, uno amarillo liso y uno azul celeste transparente. Los sujetadores sin aros hacen un pecho más plano, porque lo pegan al cuerpo. No los uso mucho, pero me gusta el efecto sexy, más cotidiano, sobre todo el azul transparente, que hace juego con un culotte de blonda, también transparente. Tenía una buena colección de sujetadores sin aros, de cuando estuve embarazada, pero no sé dónde estarán.

-Tengo algunos multiposición y con “corte Halter”, para vestidos de noche o gala, o para llevar debajo de algunas camisas y dejar un escote profundo, como cuando llevas varios botones desabotonados. Menos uno, son todos de color negro.

ApH: “multiposición” significa que las tiras se pueden cambiar de dirección para que, por ejemplo, no se vean con un escote en la espalda muy profundo. Los “Halter” son aquellos que la copa es mas triangular que esférica, y sirven para poder enseñar más canalillo y estilizar el escote.

-Aunque gozo de mucha firmeza, tengo varios con “foam”, para escotes realmente espectaculares, uno de ellos de seda negra y los demás de algodón. De modelo “push up” (como los Wonderbra) sólo tengo uno, de color negro, porque me lo compré hace tiempo, pero cuando me lo pongo resulta francamente exagerado el volumen de pechos que me resulta.

ApH: el “foam”, amigos míos, es el secreto de la mayoría de las mujeres. Cuando veis unas “tetas impresionantes” por la calle, normalmente no pensáis que la mayoría son resultado, o del bisturí, o de un relleno de foam en la copa del sujetador, que te puede dar hasta una talla y media más, además de empujar el pecho hacia arriba. Las que ya tenemos pecho abundante de naturaleza, usamos el foam para los escotes de las blusas, para que quede bien arriba (más de lo natural, desde luego). Es un efecto que me gusta mucho para diario, pero no abuso de él.

-Me encantan los sujetadores palabra de honor (los que no tienen tiras verticales), porque me gustan los modelos con hombros desnudos o cuellos muy amplios. Normalmente, cuando me compro un sujetador, me compro las dos versiones (normal y sin tiras), para usar el palabra de honor con camisas, chalecos, y vestidos. Me permiten lucir el cuello y los hombros sin las molestas tiras. La pena es que, casi todos, son muy funcionales, de colores lisos y sin mucha decoración, aunque también tengo alguno con transparencias, sobre todo uno de color verde que es mi sujetador favorito: palabra de honor, 95b, ajustado y ajustando un pecho redondo precioso.

-Ya en el capítulo de rarezas, tengo dos “balconcillos” (demi-bra), que son sujetadores a los que “les falta tela”, concretamente, dejan el pezón al aire, uno negro y uno gris. Me gusta llevarlos con camisas de cuello amplio o escotes realmente muy generosos, porque el efecto es realmente muy sensual y natural. También tengo un juego de autosujetadores: unas almohadillas adhesivas, de foam color piel, que se pegan debajo del pecho para cuando llevas vestidos transparentes o con muy poca tela, donde no hay sitio para esconder el sostén. En mi caso, más que para sostener el pecho, los uso para taparme los pezones, porque se me marcan mucho y en algunos contextos (bodas sobre todo) no es plan de robar protagonismo a la novia. Conservo tres sujetadores de lactancia (con una “ventanita” para sacar el pezón) que, aunque yo no lo puedo entender muy bien, a mi marido le resultan morbosos. Y también tengo un par de sujetadores reductores (granate y negro), que no son nada sexys pero te quitan como una talla de sujetador y, a veces, quedan bien con algún suéter ajustado para no ir avasallando demasiado.

ApH: aunque os parezca increíble a los hombres, a veces las mujeres que tenemos mucho pecho nos gusta disimularlo un poco. Pero sólo muy de vez en cuando.

Cajón nº4: lencería de noche

En este cajón va la ropa de dormir… o por lo menos, parte de ella, porque normalmente duermo también con tanga o braguita. Lo que hay, sobre todo, son camisones. Hay dos largos, bastante sexys, y los demás son todos cortos, de algodón (tipo top de tiras, pero algo más largos), o de seda, que son los que me parecen más sensuales: algo flojitos, con mucho escote, las tiras muy finitas y cortos por abajo.

Lo que pasa con los camisones de seda es que, cuando te despiertas, normalmente tienes una o las dos tetas de fuera, porque se te han bajado las tiras, y además el culo al aire porque se ha subido por debajo. Aún así, hay que disfrutar de ser mujer, y muchas veces me dejo el camisón para estar por casa, y luego lo cambio por un top de tiras o un camisón de algodón para dormir.

En este cajón también tengo una buena colección de tops, muchos de ellos en conjunto con braguitas, tangas y sujetadores. Mi modelo de dormir más habitual es precisamente una braguita o tanga y un top escotado y ceñido al pecho, aunque a veces cambio el top por un sostén.

Me ha venido bien hacer este inventario de lencería, porque no recordaba que en este cajón tengo dos bodys, uno de algodón blanco y otro de blonda semitransparente granate. Hace tiempo que no duermo en body, que es bastante sensual porque notas mucho el roce de las sábanas suaves, y creo que esta noche voy a “rescatar” el body semitransparente. A mi marido le va a dar una alegría. Además, he encontrado una bata de seda cortita, que no debería estar aquí, y la he puesto en el armario.

Cajón nº5: lencería deportiva y variada

La parte deportiva no está muy nutrida, porque normalmente me pongo un tanga bajo el short elástico. Lo que si tengo son bastantes sujetadores deportivos, de tela elástica, que están diseñados para sujetar bien los pechos y que no se bamboleen. Aunque aplanan mucho, y yo lo necesito para hacer deporte, me parecen muy interesantes, porque revelan todas las formas y ajustan de forma muy sensual, sugiriendo una explosión inminente.

En este mismo cajón tengo la lencería “de estar por casa”, los culottes y los shorties. Para estar por casa, me gustan los shorts de algodón, cortitos pero no demasiado ajustados, y tambien tengo una buena colección de tops de tiras y de anudar al cuello con la espalda al aire. Otras veces, para estar por casa, uso los culottes o los shorties. Me encantan los segundos, pero no son para usar de ropa interior porque se enredan. Digamos que están diseñados para ser vistos, y por eso los uso para andar por casa.

La diferencia entre ambos es que el culotte, ajustado y normalmente elástico, termina justo entre la nalga y la pierna, mientras que los shorties son un poco más cortos, y dejan un poquito de nalga fuera y, por delante, se cortan tan arriba que parecen braguitas. Son realmente muy sexys, y una forma cómoda de sentirte divina estando por casa, y también muy buenos para llevar debajo de un pantalón ajustado, porque apenas se marcan, o de una minifalda muy cortita, por si se levanta con el viento.

3088147En este cajón también guardo las medias, panties y calcetines. No soy especialmente fetichista, aunque tengo algunos calcetines medios de estilo colegiala, por si acaso (nunca se sabe cuándo los vas a necesitar). No sé porque motivo, pero también tengo los juguetes sexuales guardados en este cajón. Será por lo de “deporte”, me imagino. Pero ese no es el tema de este post…

Cajón nº6: lencería de uso especial

En este cajón tengo almacenada esa lencería que sólo se usa de vez en cuando. La verdad, la mayor parte de ella serviría para el cajón siguiente, porque es sexy y especial, pero la tengo aquí porque, supongo, la uso menos. Tengo aquí el resto de los bodys, casi todos en algodón y muy finos y ajustados. Una pena que ya no se lleven, porque es una prenda cómoda y morbosa para llevar sólo con unos vaqueros.

Uno muy especial es un body de encaje negro, muy transparente y muy provocativo. En teoría, es para llevar por debajo del traje chaqueta, pero si sales así a la calle me parece que te violan antes de llegar a la esquina. Tendré que probarlo… cuando me atreva.

Los corpiños, bustieres y corsés ocupan casi todo este cajón. No es que tenga muchísimos, pero son prendas grandes y bastante rígidas. Me encanta este tipo de lencería, para llevar el pecho bien colocado hacia adelante y durito debajo de un escote, o incluso muy explosiva para llevar bajo una camisa transparente o a la vista. Me parece la prenda íntima más erótica que se puede poner una mujer, y la lástima es no encontrar más pretextos para usarla, aparte de que dan bastante calor.

También están en este cajón las ligas y ligueros, que a veces me gusta utilizar debajo de la falda de tubo, porque las medias siempre estilizan más que los panties. Las medias de seda garantizan que te sientas como una reina, porque acarician tus piernas. No es raro sentir algo de excitación mientras te las subes.

Y entre todo esto, mi lencería nupcial: un corpiño por encima del ombligo con tanga, liguero y medias a juego, todo de color blanco pero con los lazos de las ligas rojos. Me lo he puesto bastante después de la boda, porque a mi marido le enloquece, y tengo que aprovechar mientras todavía me sirve.

Cajón nº7: lencería para el sexo

Este cajón está bastante lleno, porque en cada aniversario, y cada vez que sale de viaje, mi marido me regala lo que él llama “una lencería picante”. Tiene dinero y buen gusto, la verdad, así que más que “picante” la palabra es “sensual que te mueres”, y le gusta que me los ponga para deleitarse y animarse. Como parte de mi matrimonio, la “obligación” de lucirme es importante, pero como me gusta la lencería sexual, no protesto.

Lo que más le gusta son los conjuntos de “baby-doll”, con tiras muy finitas y abriéndose bajo el pecho para mostrar el abdomen, con culotte de fantasía ligero (casi parecen microfaldas), todo en blonda vaporosa y transparente. Tengo ocho, uno por cada aniversario de boda (es su propia tradición), todos de colores, aunque el que más me favorece es un Selmark (su marca favorita), azul con el culotte muy abierto. Cuando lo llevo, me dura poco puesto.

De los viajes, suele traer más variedad de lencería. Así tengo desde un par de batitas de seda estilo asiático, muy cortas, hasta un body de charol negro de cremallera, con guantes y botas a juego (las botas no están en el cajón, lógicamente), un sujetador y tanga de látex negro (no muy cómodo, pero muy explosivo), un “vestido” de red de color rojo que es peor que ir desnuda, y varios vestidos transparentes que sonrojan de sólo mirarlos.

Cada vez es más atrevido en los regalos, porque ahora compra por internet, y últimamente le ha dado por la lencería-disfraz: me ha regalado un top con tanga, todo de “cuadritos escoceses rojos tipo colegiala” (que incluye lacitos para hacerme las coletas), un minivestido blanco “aire enfermera” muy escotado, y la prenda íntima que más cachonda me pone, con diferencia, que es un conjunto de lencería transparente estilo criada, con un delantal de encaje blanco transparente y la cofia incluida.

 Dedicado a TrotamundoErotismo_traseros_ziza_16, por la sugerencia del tema.

 

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