Dice en la Wikipedia:
“El tacón alto es ampliamente reconocido en el mundo entero como un símbolo de feminidad, ya que produce en la mujer un caminar esbelto y elegante”.
http://es.wikipedia.org/wiki/Tac%C3%B3n
Estoy pensando ahora mismo en algunas amigas y conocidas, que andando con tacones parecen gansos alcoholizados, porque nunca los utilizan y cometen el error de recurrir a ellos (por compromiso o convención) para las que llamamos “ocasiones especiales” (desde bodas hasta entrevistas de trabajo), y pienso seriamente que los autores de la Wiki no saben lo que dicen: el “caminar esbelto y elegante” sólo si da si eres una mujer de tacones.
La mayoría de amigas que tengo que usan tacones lo hacen en relación a su estatura: tienen complejo de ser bajitas (algunas injustificadamente) y usan tacones para “crecer” un poco. El problema es que los hombres (esa especie animal tan dada a la observación) no suelen darse cuenta del truco, y así estas mujeres que simulan 5 centímetros más por medio de un tacón se acaban enredando en la espiral del tacón… y ya jamás salen de casa sin él.
Yo siempre he sido una chica alta. Ya lo he comentado en otra ocasión anterior, pero en el colegio era conocida por ser alta (mis padres lo son, y dice el saber popular que la estatura se hereda). Al llegar a la enseñanza secundaria, era la chica más alta del curso, y creo que no me disputaron ese título en años. Sigo siendo una de las mujeres más altas de mi círculo de amistades. Y eso hace que mi relación con “el tacón” sea totalmente voluntaria, muy diferente a la de otras amigas mías. Nunca lo he llevado por necesidad, ni he sentido el deseo de ser más alta.
Mis primeros tacones fueron unos zapatos negros, descubiertos y atados al tobillo, para usar en una presentación de la clase de ballet. Era todavía niña, y aunque me sobraba zapato, y eran de medio tacón, la ventaja de ser “pierni-larga” es que no tropezaba con los tacones como otras niñas. Me acostumbré rápido a ellos. Durante los años siguientes, me puse varias veces más esos y otros tacones, nunca muy altos, pero siempre era como parte de algún montaje de baile. De adolescente entré en un grupo de sevillanas, y aunque tampoco son tacones altos, me acostumbré a bailar con un “medio tacón”.
Tenía 14 años cuando tuve mis primeros tacones. De mi propiedad: me los compraron para ir de boda. Eran unas sandalias, con tacón de aguja, no muy alto. Realmente eran preciosas, de color malva y tiras de seda. Iba a ser dama de honor, y tenía que estar a la altura del acontecimiento. Tenía miedo de no ser capaz de moverme bien, estaba algo tímida por los tacones (junto a mi primer “vestido de adulta”, la primera vez que me vestía de gala como una chica y no como una niña). Entrené en casa, pero pronto no me hizo mucha falta. Estaba bastante claro que andar en tacones no iba a ser una dificultad para mi. Cuando eres capaz de andar sobre las puntas de ballet, los tacones son pan comido.
Con 15 pedí unas botas altas de tacón. Para salir con las amigas. Eran negras, elegantes, esbeltas. Me sentía ya toda
una mujer con esas botas. Por eso creo que me gustan los tacones de aguja sólo en sandalias y botas, y muy poco en zapatos comunes. En mi armario zapatero, abunda el zapato bajo, o con semitacón, pero la mayor parte de las sandalias son altas, y todas mis botas son de tacón de aguja, algunos de ellos francamente altos.
Tardé en saber de la sexualidad de los tacones. Me lo explicaron varios amigos, también alguna amiga. Para mi es una prenda como cualquiera, la uso con normalidad, me parece sexy y me gusta disfrutarme y que me disfruten con tacones. También supe que algunas mujeres lo veían humillante, o símbolo de la “dominación milenaria del macho” y esas cosas. Me pareción ridículo. Yo uso tacones amenudo, y no me siento humillada. Sólo no los uso nunca para trabajar: no es muy cómodo dar clase en tacones, el ruido del taconeo despista a los alumnos, y menos todavía si es la clase de Educación Física en el gimnasio, donde debes estar dispuesta para el ejercicio.
Lo que mas me gusta de los tacones es, precisamente, el taconeo. Ese maravilloso ruido que anuncia a todas las personas que están cerca que se aproxima Una Mujer. Me gusta taconear decidida, llamando la atención de los hombres y las mujeres, como si fuera un cascabel que los convoca. Si normalmente me miran, con el sonido del taconeo la espectación crece.
Si alguien abriese ahora mismo la puerta de mi armario zapatero vería bastantes tacones. Mis favoritos son aquellos realmente finos, pero no especialmente altos (tampoco me gusta sacarle una cabeza a todo el que me rodea). Me gustan los zapatos muy femeninos, y sobre todo, como decía antes, las sandalias, o zapatos descalzos, y las botas. Es un contraste fuerte: o bien el calzado más descubierto, o bien el calzado que menos deja a la vista. Pero creo que no hay nada mas sensual que unas piernas desnudas, al aire, apoyadas sobre unas sandalias, algo pijas, o bien unas piernas enfundadas en medias satinadas brotando de unas botas de caña ajustada.
Las medias también están en mi ecosistema natural. En mi escuela teníamos uniforme, de manera que te acostumbrabas a llevarlas, creciendo con ellas: primero, de niña, llevabas calcetines o panties, hasta que eras suficientemente mayor para llevar medias, o unos panties mas finos. Cuando era adolescente hubo una moda, bastante fugaz, que consistía en llevar unas medias gruesas, justo por encima de la rodilla, con una minifalda corta. Sólo se veía, por tanto, la piel de los muslos, pero resultaba bastante sugerente.
No me gustan las medias “de fantasía” (ApH: así se llama comunmente a las medias que tienen dibujos en su superficie). Prefiero las medias lisas, transparentes, y algo satinadas, sin exagerar. De vez en cuando, una media de rejilla tiene su gracia, pero muy de vez en cuando, porque tienden a cansar. Para vestidos elegantes, mucho mejor llevar medias que panties, desde luego. La caida y el tacto es totalmente diferente. Y lo más importante de una media es el tacto: es la diferencia entre sentirte senaulmente enfundada o torpemente plastificada.
En el caso de los panties, me gustan más gruesos, opacos, de algodón, y acanalados. Puede resultar tosco y poco erótico, pero con piernas largas, estos panties dibujan la silueta mejor que ningún otro, a la vez que transmiten un mensaje diferente a la persona que te mira: si las medias transparentes dicen “mira que piernas más bonitas tengo y cómo me gusta lucirlas”, los panties transmiten la morbosa idea de “tengo las piernas bonitas, y no necesito presumir de ello, porque incluso con estos panties tan normales me las estás mirando”. Transmiten seguridad.
Aunque la verdad, lo que mas me gusta es llevar mis piernas desnudas, sin medias. Me cuido mucho la piel, y mis piernas digamos que son envidiables. Me gusta sentir el aire sobre ellas, el tacto del roce de una sobre la otras. Pero mi complemento favorito para las piernas siempre han sido los calcetines. Altos, por el gemelo o un poco debajo de la rodilla, los llevaba desde los 12 años, con el uniforme de la escuela. Ahora que ya no tengo edad escolar, ponerme calcetines de ese tipo, con un toque “lolita colegiala” bastante evidente, es una provocación suave y sensual, una forma de decir que estoy todavía aquí para ser admirada.
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Dedicado a Amo Consus, por la sugerencia del tema.