El pasado agosto, y lo que va de septiembre, he estado totalmente alejada del blog. Espero que los fieles de este pequeño e íntimo rincón me sepan perdonar. Realmente, aunque no he escrito ni actualizado mi escaparate virtual, os puedo asegurar que nunca he tenido tan presente el blog y a vosotr@s como en este último mes y medio.
Mi blog se llama “Diario de una adúltera”. El título es incorrecto, pues ni la actualización es diaria, ni soy una adúltera, porque soy fiel a mi marido.
No voy a cambiar el título del blog: lo que haré será acercarme un poco más a la definición original. Creé el blog en una época de mi vida en la que, por un momento, estuve a punto de ser infiel. Me faltó poco. Fue entonces cuando se me ocurrió reflejarme en este medio de intimidad de masas.
Pasaron meses, no consumé aquella infidelidad, y el blog estaba en blanco.
Un tiempo después, en la primavera, que la sangre altera, comencé a llenar estos cajones virtuales. Como no era adúltera, empecé a colorearlos con memorias, recuerdos e intimidad. Lo hice por tantearme a mí misma.
Entonces llegaron dos sorpresas. La primera fue sentir que me encantaba publicar mis intimidades, aunque algunas fueran recuerdos antiguos. La segunda fue conoceros, ver a una cantidad impresionante de gente que se acercaba, disfrutaba, se excitaba y fantaseaba conmigo.
Entró agosto. Soy una mujer casada, con una gran familia: soy una madre. Sabía que no podría ponerme en la playa a escribir en el blog mis intimidades mientras le daba el bocadillo a mi hijo. Seguro que lo entendéis.
Por eso elaboré un Plan para el Verano de 2009. Las pocas veces que pude conectarme leí mensajes de los fieles, pero también vi que, a pesar de la inactividad, las visitas al blog seguían subiendo a miles de personas. Y eso me dio determinación.
Por un lado, encontré determinación para contaros este mes y medio que no he estado con vosotr@s. Aunque donde vivo hace calor todo el año, el verano es mi momento favorito del calendario, y también la época natural para la fantasía, el deseo y el morbo. No podía dejar de contároslo y como no pude en tiempo real, he estado tomando notas mentales. Me llena de orgullo y satisfacción anunciaros que en los próximos días podréis leer mi “Verano 2009” en un resumen en siete partes (cuatro episodios y tres “extras”).
Pensad que, por primera vez, cuando vivía lo que vais a leer, pensaba en contároslo y trasladaros al momento.
Por otro lado, me llegó la determinación para empezar una “búsqueda activa” del morbo. Soy madre y esposa, fiel a mi marido, pero también una mujer morbosa, y eso lo he sabido gracias a vosotr@s. Me propongo explorar mis fantasías de forma mucho más activa, para poder compartirlo aquí.
Para empezar, me he comprado un netbook muy pequeñito, que vendrá en mi bolso a todas partes. A partir de ahora, os intentaré informar del día a día de mi intimidad más personal.
Espero que lo disfrutéis tanto como yo lo haré.
Besos,
Julia
Que alguien se masturbe pensando en mí siempre me ha excitado. Bueno, al menos saber, o intuir, que alguien lo hace, porque realmente no se da el caso normalmente de que veas a la otra persona mientras se masturba pensando en ti.
Soy una mujer necesitada. Ahí está lo absurdo del asunto. Soy atractiva. Digámoslo claramente: estoy muy buena, cualquier hombre estaría como loco por hacérselo conmigo.
Mi cuerpo, claro. Sigo siendo alta, nunca he dejado de serlo, aunque ya no llama tanto la atención como cuando era niña y sacaba veinte centímetros a cualquier compañero de clase. Paré de crecer en un metro y setenta y tres centímetros, sin calzado. Sigo siendo delgada, y ya he llegado a esa edad en que ser delgada es más envidiado por las otras mujeres que el tamaño del pecho. Envidian eso, y que no tengo nada que se descuelga. Fui madre a los veintiséis, pero me cuidé lo bastante para no dejar restos visibles: las caderas suavemente más marcadas, y los pechos un poco más grandes, pero todo firme. Está todo en su sitio, es lo bueno de ser profesora de Deporte.
Me gusta mi cuerpo. Bueno, la verdad es que me encanta mi cuerpo. No creo que sea malo, ni que deba ser una estúpida sólo porque tengo un buen cuerpo y me gusta. Ya soy tonta por ser rubia, o eso dicen. Así que no puedo ser dos veces tonta. De niña llamaba la atención porque era rubia, tenía los ojos claros y tenía pecas. Me llamaban “la alemana”, la “rusa”, “la sueca”… Aprendían geografía para ponerme los motes. Cuando era una chavalita, llamaba la atención además porque era más alta que las demás. Estaba acostumbrada a llamar la atención.