Archive | junio 2009

Que alguien se masturbe pensando en mí siempre me ha excitado

307661261Que alguien se masturbe pensando en mí siempre me ha excitado. Bueno, al menos saber, o intuir, que alguien lo hace, porque realmente no se da el caso normalmente de que veas a la otra persona mientras se masturba pensando en ti.

Cuando iba al instituto, lo comentaba con mis amigas, especialmente con las dos morenas atractivas con las que hacía pandilla, Noelia y Laura. A Noelia le daba igual, creo que nunca se había parado a pensar que los chicos podían pensar en ella mientras se tocaban en el cuarto de baño. Pero a Laura le daba muy mal rollo, era muy tímida para eso. Es curioso, porque era la típica morenaza con curvas y pecho abundante, y parecía muy segura de sí misma. Pero pensar que un conocido suyo se acariciara y se corriera pensando en ella no le hacía ninguna gracia. Le daba “mucho asco”, según ella. No sé exactamente dónde está lo asqueroso. Nunca lo he sabido, aunque parece, según me han dicho otras amigas, que está en el semen. La idea de que un tío se corra contigo en mente les incomoda (o eso dicen).

Esa actitud tan puritana siempre me ha molestado. A veces parece que a una mujer no le está permitido pensar en semen sin pensar en “asco”. Es como si la palabra “semen” y la palabra “mujer” no fueran compatibles. Una auténtica estupidez, porque es un chorro de semen el que te convierte en madre, llegado el momento. A la larga, cada vez estoy más de acuerdo con algo que me enseñó mi madre: el peor machismo y la peor represión contra la libertad de una mujer, procede de las propias mujeres, de la forma en que se ven a si mismas. Tenemos al enemigo dentro.

A mí nunca me pareció raro, ni asqueroso el tema de la masturbación. Lo daba por hecho, algo natural. Seguramente, porque yo hacía lo mismo. Solía tocarme en la cama, sobre todo pensando en los pectorales y la “tableta de chocolate” del novio de mi hermana. El tipo era bastante tonto, pero estaba buenísimo. Imaginaba mi mano acariciándoselos, mientras el me acariciaba los pechos. Era una idea que me volvía loca. No pensaba más. No imaginaba un polvo con él. Las mujeres somos así: puede calentarnos más pensar en caricias que pensar en orgasmos. Y por desgracia, la mayoría de hombres nunca lo llega a descubrir.

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A solas en el sex shop

VibradorIpodA solas en el sex shop. Yo seguía mirando a mi alrededor, cuando vi movimiento tras el mostrador. Me acerqué. El mostrador era tan alto que desde fuera no se podía ver que había alguien sentado al otro lado. Privacidad para los clientes, y privacidad para el empleado. Un chico moreno con el pelo corto estaba completamente concentrado con la pantalla del ordenador, donde dos rubias con las tetas operadas se comían la boca en una piscina. El chico tenía los auriculares puestos. “Para escuchar mejor el diálogo”, pensé.

Se sobresaltó al verme. Se llevó un susto de muerte. No creo que tenga mucha clientela, pero seguro que no entran muchas chicas. Y menos todavía mujeres de mi edad. Él también se puso rojo, quizás por ser descubierto mirando porno en horas de trabajo. Pero es normal, es como si el frutero se come una manzana a la merienda. Se quitó los cascos como un rayo, y minimizó el porno en la pantalla.

-       Perdone… ¿puedo ayudarla?

Me quedé un poco atontada. Por un lado, me molestó que me tratara de usted. Ni que tuviera la edad de su madre… Y por otro, no sabía si podía ayudarme. Recordé que estaba en un sex shop, rodeada de pornografía y títulos donde las palabras “polla” y “putas” eran de lo más suave, a punto de hablar con un dependiente que casi tenía edad para ser alumno mío. Pero me sorprendió que el chico parecía muy educado, y me trató de usted. Estúpidamente, yo esperaba que me atendiesen a base de insultos, o ver a alguien con cara de enfermo sexual. Pero el chico tenía pinta de ser muy agradable, y bastante tímido. Y desde luego, muy educado. No tenía la polla en la mano, pese a estar viendo porno, lo cual también me llamó la atención.

-       Pues no lo se… – bajé la voz en tono de confidencia – ¿tienes vibradores?

-       Ah… – puso cara de “ah, claro, vibradores… ahora me lo explico” – Sí, en el piso de arriba.

“El piso de arriba” sonaba a que el último vibrador se lo habían vendido a Escarlata O’Hara. Se levantó, y le seguí. Comprobé que había otro cliente más, mirando porno al fondo de la tienda, viendo una caja donde me pareció ver una fotografía de un caballo. No quise saber más, y subí la escalera detrás del dependiente. Fue muy caballeroso pasando delante: los verdaderos caballeros pasan delante, porque los que sólo fingen ser caballeros dejan a la mujer delante para mirarle el culo.

Arriba, había de todo. Muñecas hinchables bastante feas, algunos juguetes más cómicos que eróticos, y cuatro puertas, tres de ellas cerradas. Pensé, tonta de mi, que eran cuartos de baño. Pero nadie tiene cuatro retretes, y luego me di cuenta de que debían ser para ver películas dentro. Novata…

-       ¿Qué tipo de consolador estaba buscando?

-       La verdad, no lo sé. Soy nueva. – puse una de mis sonrisas encantadoras, y el chico también sonrió.

-       Yo también soy nuevo… Quiero decir, que nunca he vendido un consolador a una chica – el también sonrió. Me gustó, porque cuando pasas de los treinta te encanta que te llamen “chica”, y no “mujer” o “señora”.

-       Ah, claro. ¿Llevas poco trabajando en la tienda? – yo lo tuteaba.

-       Dos años – se me quedó mirando.

-       Ah… Entonces es que entran pocas mujeres.

-       Es usted la primera que he visto. Y no creo que el dueño haya visto muchas más. – se le fueron los ojos un poco hacia mi escote, pero se rehizo con rapidez – Bueno… esto es lo que tenemos.

Nos paramos delante de una estantería llena de falos plastificados y estuchados. Había un par fuera de las cajas, uno con aspecto muy realista. Se me fue la mano y lo cogí. Con la mano derecha, la mano en que llevo el anillo de casada. El chico se fijó en ese detalle. Estaba tan sorprendido que ya no se fijaba en mi escote. Seguramente pensaba en una cámara oculta o una broma de su jefe.

Con aquella polla de látex en la mano, y el chico mirándome, la excitación que me había producido el encuentro con mi vecino volvió. Me di cuenta de que la situación era muy extraña, morbosa, y bien pensado, era bastante caliente. Era obvio que al chico le daba morbo vender un vibrador a una rubia casada de buen ver. Se lo iba a contar a todos sus amigos: “ayer entró en la tienda una rubia con unas tetas…”. Mi vena juguetona se despertó.

-       A lo mejor es una pregunta tonta pero… ¿se pueden chupar? – le pregunté, agitando el vibrador.

-       ¿Ahora? – abrió los ojos como platos.

-       ¡No hombre!, me refiero a si se pueden meter en la boca sin peligro. Si la pintura es venenosa, o algo así. Como los juguetes de los niños, que algunos llevan pinturas tóxicas…

-       Ah, vale… – respiró, aliviado – Si, son totalmente seguros. – respondió, pensando que aquel pito de látex no parecía un juguete.

-       Bien… Es que estoy pensando en comprarme dos. Uno que vibre, y otro como este, con forma de polla, para metérmelo en la boca y chuparlo mientras me masturbo con el vibrador.

Supongo que fue demasiado. Una rubia treintañera y pija, con minifalda y escote, explicando que piensa meterse un consolador en la boca mientras se masturba, es mucho para cualquiera. El chico no podía estar más rojo, y yo no podía estar más cachonda.

-       Es que me gusta chupar mientras me corro…

Esa frase la dejé en el aire, con cara de total inocencia. Como si estuviese diciendo que me encanta la tarta de fresas, “anda mamá, déjame otro trocito”. El chico tardó unos cuantos segundos en decir algo. No creo que estuviese pensando qué decir: creo que no estaba pensando en nada.

-       Ah… claro…

-       Sí – sonriente, segura, y muy descarada – de soltera me chiflaban los tríos, pero desde que me casé… bueno, mi marido es muy clásico.

Yo mantenía la normalidad de la conversación, como si no fuese nada. El dependiente trataba de recuperar la normalidad, o algo parecido, pero se daba cuenta de que yo se lo ponía muy difícil con mi conversación, y además seguía teniendo la polla de goma en la mano. Trató de fingir, también él, que la conversación era totalmente normal. El frutero y la clienta hablan de peras y manzanas, pues el sex-shoper y la clienta hablan de orgasmos y tríos. Y ese intento de normalidad fue su error, porque se puso a tiro para enredarlo más en mi juego. Y yo estaba juguetona.

-       Vaya, pues que pena, ¿no? – preguntó, como si yo le estuviera hablando de que mi marido roncaba, en vez de decirle que a mi marido no le apetecía que me follasen otros.

-       ¡Buf! Imagínate… ¿Tú has hecho tríos? – como quien pregunta si tienes mascota.

-       Nooooo, que vaaaa – “qué más quisiera yo”, se leía en sus ojillos vidriosos.

-       Pues no sabes lo que te pierdes. Yo estaba enganchadísima. Hasta la boda, claro – “claro, claro, faltaría más”, él ponía cara de circunstancias – Y la verdad es que lo echo mucho en falta. No hay nada como tener dos pollas para ti, chupar como una loca…

Notaba que el chaval se estaba haciendo una composición mental, conmigo como protagonista. Le estaba dando tema para su próximo millar de pajas. Sus ojos estaban perdidos, imaginándome desnuda y con dos tíos. Se sinceró. Entró al trapo.

-       Pues a mi me encantaría – dijo, tajantemente.

-       Tienes que probarlo, sí.

-       No, no… Digo… Bueno, que si tuviera una novia que le gustaran los tríos, yo estaría encantado de la vida. – “y si fuera como tu…”, se le notaban las ideas.

-       Eso dicen todos, pero luego los hombres os volvéis muy posesivos. – le sonreí, muy coqueta – O más bien, yo creo que tú piensas en un trío con dos chicas. Como la película que estabas viendo. ¿No?

-       ¡Buenóooo! Eso ya sería la hostia – confesaba, con cara de “si hago eso puedo morir en paz”.

-       Es muy caliente. A mi me encantaba compartir a un chico…

-       ¿Pero también hacías tríos con otras chicas? – me interrumpió, cada vez más interesado en mí.

-       Si, claro. Pero es más fácil encontrar dos tipos con ganas de echarte un polvo, que una chica que te de morbo hacértelo con ella y compartir a un hombre. Aunque… – pausa dramática antes de soltar la bomba – tengo que decir que nunca he gemido tanto como cuando me lo ha comido otra mujer… ¡Y mira que yo grito mucho cuando me corro!

-       ¿Sí?

-       Uf… ¡te lo juro! Grito como una loca. Sobre todo cuando me follan a cuatro patas. Normalmente en esa posición, me tienes que tapar la boca, porque sino se entera media ciudad.

-       Bufff… – resoplando, tragó saliva, como reconocimiento de que se empezaba a poner muy caliente con la conversación – A mi me encantan las tías que gritan mucho.

-       ¿Ah, sí? –sonrisa amable y natural – Pues chico, si me oyes te encantaría. Por eso tengo que llevar dos vibradores. Si tengo una polla en la boca mientras me corro, hago menos ruido, ¿sabes?

Me reí bastante de mi propia barbaridad, pero el chico ya estaba lívido. No le corría la sangre. Pensé que ya era suficiente de hacerlo sufrir. Cogí un par de vibradores, empaquetados. Me llevé uno finito, de color rosa metalizado, y otro con forma de polla, de buen tamaño. Me despedí del dependiente con una sonrisa. Estaba segura de lo que pasaría en cuanto salí de la tienda: el chico iba a dar buen uso de una de las cabinas del piso de arriba, pensando en mí. Todavía me sorprende que no se olvidase de cobrarme. Un buen empleado.

Tengo que reconocer que después de la visita al sex shop, gasté la pila del vibrador pensando en el coqueteo con el dependiente, en cómo lo había puesto a tono con mi conversación un poco descarada. Porque, la verdad, no fui demasiado atrevida. Podría haber sido mucho peor. Los días siguientes, cada vez que había intimidad en casa, encendía el vibrador, me tumbaba, y recordaba la conversación, la mirada nerviosa del chico en mis pechos, los ojos como platos en mi mano con la polla de látex, los suspiros cuando me imaginaba con dos hombres a la vez. Y también imaginaba que, mientras coqueteaba con él, mi vecino Paco estaba delante, con un DVD porno en la mano, oyéndome decir todas esas cosas descaradas, calentándose también. Y también imaginaba una conversación aún más subida de tono, más caliente y evidente.

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Me sentía muy moderna por tener pensado ir al sex shop

1316a00ae686625f21a763b1b1e3c084225570e4Me sentía muy moderna por tener pensado ir al sex shop. Una mujer liberada. Dejé a Lucas en el colegio por la mañana, un día que tengo la mañana libre. Por la televisión he visto “boutiques” del sexo estupendas, donde unas dependientas majas y alternativas te atienden con un montón de juguetitos sexuales. Pero me parece que eso sólo pasa en las grandes ciudades.

En mi ciudad, que no es muy grande, solamente hay dos sex shop. Uno está en unas galerías comerciales del ensanche, entre un videoclub y una zapatería. Por fuera tiene pinta de que dentro se trafica con armas, y un rótulo de neón rosa fundido. Muy mal aspecto. Me acerqué hasta ese, porque el otro sex shop de la ciudad está a menos de un kilómetro de mi casa, en mi barrio, y me pareció demasiado arriesgado, por si me veían entrar. Al final, el aspecto de los dos clientes que vi salir me echó para atrás, y no entré.

Mientras conducía hacia casa me lo pensé, y me decidí a entrar en el de mi barrio. No tenía por qué ser especialmente peligroso. Aparqué en mi garaje, y me acerqué andando al sex shop, con dos o tres excusas pensadas por si me veía alguien conocido entrando a la tienda. El rótulo estaba mucho mejor arreglado, tenía mejor pinta desde luego, aunque con el escaparate totalmente cubierto por serigrafías, para que no se viese el interior. Parecía que no hubiese entrado nadie en los últimos cien años.

 

Entré al sex shop. Por primera vez en mi vida.

El corazón me empezó a latir tan fuerte que lo podía escuchar. Me sentí estúpida, como si estuviese haciendo algo malo. Cosas de la educación cristiana, supongo. Me acordé de lo que decía mi hermano cuando iba de chaval al videoclub de la esquina a alquilar películas “picantes”. Ni siquiera era pornografía, que no se podía conseguir en el videoclub, pero eran películas de “humor” donde aparecían mujeres desnudas. Y a él le daba muchísima vergüenza, porque el dueño del videoclub era amigo de nuestros padres.

Por dentro, el sex shop se parecía sorprendentemente a un almacén chino de barrio, largo y con dos estanterías a lo largo, hasta el fondo, otras pegadas a las paredes, y al fondo del todo, un mostrador de conglomerado muy alto. No vi a nadie. Entré dudando, con el corazón acelerado. Me quedé mirando un poster de una película porno donde un negro enorme, que la tenía enorme, se agachaba detrás de una rubita vestida con un uniforme de colegio parecido al de mis hijas. ¡Qué cosas ve la gente! Leí para mis adentros el título de la película… y me sonrojé.

Los títulos del porno los deben poner grandes poetas.

En las estanterías no veía nada más que cajas de pornografía, al menos en la parte cercana a la entrada: revistas, muchos DVD, y algún VHS. Había alguien agachado, con una caja en cada mano, comparando. Un hombre con la cabeza afeitada. La chaqueta de piel me resultó familiar, y me quedé parada mirándole sin pensar.

No reaccioné cuando me miró. No sé quien de los dos sintió más pudor al reconocer al otro. Abrió los ojos como platos, y creo que yo hice lo mismo.

Tardé como dos segundos en darme cuenta de que era Paco, mi vecino médico. Cuarentón, de los que se afeita la calva para ser atractivo, casado, padre de Marta, una amiga de mi hijastra Teresa. Me saludó con la cabeza, sin decir nada. Trató de esconder en el estante los DVD que tenía en la mano, y fue peor porque se cayeron al suelo cerca de mí. Una de las películas era la del negro y la colegiala que salían en el póster, o una muy parecida.

No supe qué pensar. Y tampoco sé por qué tendríamos que avergonzarnos. En los segundos que estuvimos allí mirándonos, poco a poco empecé a sentir más morbo por el hecho de descubrir que mi vecino consumía porno donde grandes pollas negras daban placer a actrices con aspecto de estudiantes.

También pensé en él, con su polla en la mano, viendo la película. Incluso tuve una milésima de segundo para pensar que resultaba curioso verle tan interesado en el porno de jovencitas, teniendo una hija. ¿Se habrá masturbado alguna vez pensando en hacerle a mis hijas lo mismo que el negro le hacía a la rubia? Lo curioso fue que esa idea no me escandalizó, sino que me resultó turbadoramente morbosa.

Sin pensármelo, como un reflejo que no se exactamente de dónde me venía, me acerqué. Me agaché. La minifalda se subió hasta descubrir por completo mis muslos, cuando recogí la caja de la película y se la di a Paco.

- ¡Hola Paco! – sonriente, fingiendo normalidad, como si estuviésemos en la frutería - ¿qué tal Marta?

- Eeeehhh… – él no sabía dónde meterse, con la cara totalmente roja, al escucharme nombrar a su hija.

- ¿Has visto ésta? – le pregunté con normalidad, mujer con mucho mundo, enseñándole la caja donde el negro se tiraba a la rubita como si fuera un par de zapatillas.

- Eeeennn… ¡No, no!, que va…

- Pues llévatela. ¡Tremenda! Pero bajad el volumen de la tele, porque la rubita chilla como una loca cuando se la mete por detrás.

La frase me salió de carrera, toda seguida, sin pensar. No sé cómo se me ocurrió, pero Paco se quedó helado. Está claro que no me imaginaba diciendo eso, pero es normal. Tampoco yo me imaginaba diciendo algo así. Me admiro de haber usado el plural (“bajad”), como sugiriendo que el porno lo veía con su mujer. Como las parejas modernas.

Él no fue capaz de decir más. Asintió con la cabeza, y murmuró algo de que tenía que marcharse. Yo me despedí de él, y Paco seguía mirándome como si lo hubiese soñado todo mientras me daba respuestas automáticas para intentar escabullirse. Se marchó pitando, sin llevarse nada. Pillado.

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Test Morboso de los Lectores – ANA (Segunda Parte)

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Aquí os dejo la segunda parte del Test Morboso que me ha enviado Ana.

SEXO 

En el sexo, ¿cómo te definirías con una sola palabra? – Caliente.

¿Mandona o sumisa? – Muy sumisa.

Primer orgasmo ¿Recuerdas la primera vez que te masturbaste? – Sola en casa, con el vibrador de mi hermana, para probar. Con la excitación, el gusto, y el miedo que me pillaran, lo puse en velocidad dos y luego no sabía pararlo. Jajaja. Parece muy cómico, pero pensaba que me moría del gusto.

¿Cada cuánto tiempo te masturbas? – Pues cuando estoy caliente. Varias a la semana.

¿Cuál es la postura y el sitio perfectos para masturbarte? – ¡¡Qué corte…!! En mi sofá, medio sentada con las piernas muy abiertas para acariciarme y poner el vibrador.

Paso a paso… ¿cómo te masturbas? (Movimientos, costumbres…) – Pues me acaricio las tetas para calentarme, pensando o viendo algo que me pone caliente, y luego uso normalmente el vibrador y también me acaricio el clítoris.

¿Cuál es el sitio más extraño/morboso en que te has masturbado? – En las duchas de la escuela. Fue por necesidad, estaba empezando a dolerme de lo que apretaba el clítoris y entré a masturbarme, menuda idea. Menos mal que no me pilló nadie, pero escuchaba el eco en los vestuarios y me ponía súper nerviosa.

¿Y la última vez que te masturbaste? – Esta mañana, en la cama, con el vibrador.

¿Y en qué estabas pensando…? – Jejeje. Pensaba en la última mamada que le hice a mi novio, el sábado por la noche en su coche.

¿Tienes/usas juguetes sexuales? – Tengo y uso. Ya lo dije antes.

¿Cuándo y a quién le hiciste tu primera paja? – A un novio de adolescente. Teníamos catorce años los dos.

¿Y con qué edad chupaste por primera vez? – Pues al mismo novio, con la misma edad más o menos. Sería como un mes después.

¿Te gusta chupar? – Mucho.

¿Has chupado muchas? – Pues unas 30.

¿Lo mejor que te has llevado a la boca? – Tuve un lío con un camarero brasileiro. Una barbaridad… daba casi hasta miedo mirarla, los amigos le llamaban “caballo” y luego supe por qué, jajaja…

Ejem!… ¿tragas el semen? – A mi novio sí.

¿Has hecho o recibido oral con alguien de tu mismo sexo? – Sí, un par de veces. Hay que probar de todo.

¿Tu sitio favorito para el sexo? – El suelo, con algo por encima para no enfriarse. Es el sitio donde hay más espacio para moverse.

¿Y el más extraño? – Pues una tienda de campaña. No lo hago en sitios muy raros.

¿Posturas favoritas? – Me gusta echada en la cama boca arriba con las piernas muy separadas, o encima  de los hombros de él. Es bastante clásica pero muy efectiva. Pero mi chico prefiere que lo cabalgue, y no me suelta las tetas en todo el rato.

¿Tu mejor polvo? – Pues mi novio antes estaba con otra chica, de su edad, tambien del trabajo. El primer polvo que echamos fue en casa de él, cuando todavía estaban saliendo. Yo llevaba tonteando con él bastante tiempo, nos habíamos dado algún piquillo y tal en una cena de empresa. Me tenía muchas ganas, y se notó mucho.

¿El más morboso? – La primera vez que estuve con un mulato. Porque ya sabes, el morbo, el mito de que son muy buenos y la tienen enorme. Estaba cagadita de nervios porque el tío era más experto que yo, yo tenía 19 y él 26 o 27. Estuve toda la noche diciendo “ay, dios”, “ay, madre”, “ay, joder”, cada vez que me la metía. Luego el tío me lo recordaba y se descojonaba de la risa.

Record de polvos y orgasmos – Pues en un día, 4 polvos y 6 orgasmos. Muchísimo, porque m quedo muy tirada al final de cada orgasmo.

¿Cómo son tus ruidos sexuales? – Hablo, digo tacos, “joder, follame”, “métemela ya”, y luego estoy todo el rato gimiendo, no muy alto. Me dijeron una vez que parecía una japonesa, que las japonesas gimen todo el polvo, y lo miré en internet, y bueno, la verdad que sí hago un ruido muy parecido.

¿Practicas el sexo anal? – Sí, cada vez más. A mi novio le encanta, esta enganchado.

¿Juguetes? – Mi vibrador es inseparable. Lo llevo a todas partes, y ya lo he tenido que sacar alguna vez en un aeropuerto. Es bastante grandecito, y cuando pasa por los rayos X de los aeropuertos alguna vez se han soltado una risita o me han echado una miradita. Supongoque que me ven muy pequeñita para una polla tan grande. 

¿Qué edades tenían el más joven y el más mayor con los que has tenido sexo? – El más joven 14, con el chico del que hablé antes que era de mi edad. El más mayor, 40-45.

¿Has estado con dos o más hombres? – Sólo una vez, para probar y darle el gusto a mi novio. Soy de estar con un hombre sólo cada vez, no me gusta compartir ni que me compartan.

¿Trío con otra chica? – Pues no, está pendiente porque mi novio me lo dice todo el rato.

¿Y has estado con alguna mujer? – Tres veces, una amiga mi primera vez,  y dos rolletes luego. Todas de mi edad, más o menos.

¿Has follado con alguna amiga tuya? – Sí. Marta. Compartíamos piso, habíamos estado hablando de si habíamos estado con chicas alguna vez, y decidimos probarlo una con otra. Salió todo así, surgió bastante frío, pero estuvo muy bien. No repetimos porque decía que tenía miedo de aficionarse y hacerse bollera.

¿Has follado con el novio/marido de alguna amiga tuya? – Pues que yo sepa, el único tío que he follado cuando estaba saliendo con otra es mi novio, que ya conté que follamos en su piso cuando el todavía estaba con María.

¿Follas con otros aparte de tu novio/marido? (Si tienes) – Tuve dos infidelidades, y él sabe las dos. Una fue con un exnovio, un día que iba algo bebida, y yo no suelo beber. La otra fue bastante gorda, porque fue con un colega de mi novio cuando él estaba de viaje por trabajo, pero se lo tomó bastante bien, aunque en ese caso no tenía excusa, me lo tiré porque me apeteció.

¿Has hecho sexo para conseguir algo a cambio? – Pues no debería decirlo, pero con 15 se la chupaba a un portero de discoteca y le dejaba tocarme las tetas para que me dejara entrar y me diera copas gratis.

¿Has cobrado dinero por hacer sexo? – No, sólo he hecho lo del portero de discoteca.

¿Lo harías? – Depende del dinero, y de lo bien que esté el que me lo ofrezca.

¿Has participado en una orgía? – No, y eso que me lo han propuesto varias veces.

¿Gang Bang? – No, y eso sí que tendría ganas de probarlo.

¿Te gusta que te azoten? – Sí, pero suave.

¿Cómo sería tu follada perfecta? – Pues me gusta que sea brusco y duro, pero sin hacer daño. Que me maneje bien, me coja, me mueva para todas partes, yo un poco rebelde, como luchando. Que al final me sujete en una postura fija y me folle duro y rápido, hablando sucio y eso.

Di una perversión con la que hayas fantaseado o te de curiosidad – En el trabajo estuvieron haciendo obras y había una cuadrilla de dos obreros y un capataz, los tres inmigrantes, creo que de Senegal. Cuando me quedaba a cerrar la última, tenía que ir a avisarles a donde estaban trabajando de que iba a cerrar y tenían que irse. Había poca luz, sólo tenían un foco de obra, y me echaban unas miradas que podían haberme preñado sin tocarme. Una vez que era muy tarde, el capataz me dio un susto, estaban súper callados y se me apareció por detrás, sin tocarme, pero muy cerca, con el torso al aire, mirándome las tetas. El edificio estaba totalmente vacío a esa hora, y he fantaseado muchas veces para masturbarme que los tres se echaban sobre mi y me obligaban a chupársela y luego me follaban sujetándome y tapándome la boca. Lo pienso y me pongo húmeda.

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Ana, muchísimas gracias por compartir tus intimidades y por dejarme colgarlas en el blog.

Si os animais a responder al test:

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Test Morboso de los Lectores – ANA (Primera Parte)

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He recibido varios emails de gente que ha cubierto con sus propias respuestas el test morboso que he hecho, y que incluso lo han mejorado. Estoy encantada, y he decidido, con su permiso, que voy a ir corrigiendo los test y colgándolos en el blog. Así este pequeño rincón mío será también un poquito vuestro.

Como primer Test de los Lectores, os dejo las respuestas de ANA, una chica muy sincera que responde muy clarito y sin pelos en la lengua.

EN GENERAL

¿Metrosexuales o look desaliñado? – Metrosexuales mejor.

¿Beckham-maníaca, o preferirías a otro futbolista? – Cristiano Ronaldo está mucho más bueno.

Tópicazo: ¿somos todos bisexuales? – Bueno, yo creo que sí. Por lo menos a mi me dan morbo otras chicas, y a mis amigas que he preguntado también.

Otro tópico: ¿el tamaño importa? – A mi sí me importa, para qué mentir.

¿Qué necesita un hombre para llevarte a la cama? – Pues provocarme deseo, estar bueno, no se, que me apetezca un revolcón con él.

¿Una peli que te calentó? – Me puso muy caliente “Lucía y el sexo”. Además la vimos en mi casa, en pandilla con amigos, chicos y chicas, y la verdad daba morbo, sobre todo la escena de la erección del submarinista untado en barro.

¿Te gusta el porno? – Sí, bastante. Me excita.

¿A qué famoso te gustaría follarte? – A Cristiano Ronaldo, al Duke o a Hugh Jackman les dejaba hacerme todo lo que quisieran.

¿Con qué famosa tendrías un rollo-bollo? – Con Eva Longoria o Alyssa Milano, que son preciosas y están buenísimas.

PERSONAL

¿Eres alta y esbelta o bajita y compacta? – Más bien bajita y compacta (1,55).

¿Delgada, atlética, flacucha, con carnes…? – Delgada, hago ejercicio cada dos días.

¿Color de ojos? -  Miel.

¿Pelo? – Rubia de pelo liso largo.

¿Qué edad tienes? – Tengo 24.

¿Qué edad aparentas? – La que tengo, supongo. Pero con 16, me entraban tíos mayores porque pensaban que era mayor. Luego al saber que tenía menos de 18 algunos se cortaban, y otros no.

¿Qué parte te gusta más de tu cara? – La boca.

¿Y de tu cuerpo? – Las tetas y la tripita.

¿Adónde te miran más los tíos? – A las tetas.

¿Cómo crees que son las tetas perfectas…? – Grandes con buen canalillo y duras.

¿Y con respecto a eso, las tuyas son…? – Yo creo que están muy bien.

¿Tus tetas son naturales o operadas? – Operadas. Me las puse con 18, me quedaron muy bien y estoy encantada.

¿Cómo son tus pezones? – Rosado oscuro y grandes, muy abultados.

¿Y tus nalgas? – Redonditas, más bien chiquiticas.

¿Cómo es tu sexo y como lo llevas? – Abultado, lo llevo totalmente rasurado.

¿Piercings o tatoos? – Piercing en la nariz y el ombligo. El tatoo no digo donde, pero es una mariposita de color rojo, muy chiquita.

El sitio que más te gusta para ligar…. – De marcha con mis amigas bailando.

¿Y el más extraño donde has ligado? – En una comunión, de una prima.

¿De qué ligue te sientes más orgullosa? – De mi novio. Estaba muy solicitado.

Ropa de diario, y de especial – De diario me gusta ponerme camisas ajustadas el pecho y pantalones muy ajustados para el trabajo. De salir, escotes muy llamativos.

¿Cómo te gustan los escotes? – Grandes, abiertos, que se vea mucha piel.

Para ir Sexy y Glamurosa te pones… – Un corpiño ajustado y entallado al pecho.

¿Tu disfraz más provocativo? – El año que me puse tetas, me disfracé de Catwoman, con el escotazo de cremallera como el de la pelicula y sin sujetador.

¿Con qué prendas de tu armario te sientes más caliente? – Con los tops muy escotados.

¿Ropa interior para sentirte como una diosa? – Tanga muy fino y transparente.

Tu prenda irresitible para ellos – Un top blanco con el que se me marcan los pezones.

¿Tu modelo playero más atrevido? – Un microtanga.

¿Haces top less? – Siempre.

¿Y nudismo? – Algunas veces.

¿Has nadado desnuda? – Sí.  

¿Con qué ropa duermes? – Braguita y sujetador, o tanga y sujetador.

¿Cómo te gusta andar por casa? – No uso una ropa especial para andar por casa, pero si hace calor, me gusta estar un rato desnuda por casa al salir de la ducha.

ÍNTIMO

Una fantasía clásica que te excita – La de la secretaria obediente y sumisa a su jefe.

¿Harías un striptease con gente viéndote? – Si haces un striptease es con alguien mirando. Lo he hecho para mis novios, muchas veces. Para más gente, no lo sé, a lo mejor sí lo haría. Es caliente.

¿Te gusta que te espíen? – Me parece interesante, pero si te espían se supone que no te enteras.

¿Follarías con “público”? – Depende de la pasta, jajaja…

Cuenta el “espectáculo” más llamativo que hayas montado en público – En un concierto, en un festival de verano, fui “la típica chica que se pasa todo el concierto con las tetas al aire”. Y no había bebido casi nada. Pero un amigo me picó, me dijo que si me había puesto tetas era para enseñarlas, y le hice caso.

¿Te han pillado haciéndolo? – Buf, tremendo. Me pillaron un grupo de amigos, todos chicos, unos cinco, follando en una tienda de campaña. Como era pequeña y era de noche, no creo que vieran mucho, pero no dijeron cuanto tiempo llevaban ahí.

¿Tú has pillado a alguien? – A dos compañeras de piso haciéndoselo en cama. Al entrar yo se taparon y no vi nada. Las dos tenían novio, y una acabó casándose con él.

La primera vez que te excitaste en tu vida – No lo recuerdo, pero si me acuerdo que tenía un primo mayor que hacía lucha grecorromana y tenía una tableta de chocolate muy interesante, y le pedía que me la dejara tocar. Se resistía, pero al final me dejaba.

¿Has sido una lolita? – No, mi rollo de adolescente era más rockera, camisetas y vaqueros, y fui a escuela pública y no había uniforme. Hasta la universidad y ponerme las tetas no empecé a arreglarme y usar escotes. Y las faldas cortas no me gustan.

¿Qué maduro fue el primero en darte morbo? ¿Con qué edad?– Había un vecino, no muy maduro, unos treinta, que siempre subía conmigo en el ascensor y ponía interés en mi culo. Iba a la misma playa que yo y mis amigas, y normalmente saludaba y se quedaba muy cerca de donde nos echábamos nosotras. Yo tenía 15 o 16.

¿Y tu primer roce con un maduro? – Roces no recuerdo, pero había un profesor de Gimnasia que tocaba un poco de más en los ejercicios. No recuerdo más. Así que el primer roce con maduro fue ya en la universidad, saliendo de marcha, con 19, que me ligué a un tipo de 40 en un bar.

¿Qué maduro te excita ahora? – Pues no se… mi novio, que tiene 36.

¿Y qué jovencitos te dan morbo ahora? – Ninguno, paso de niñatos.

¿Besaste alguna vez a una chica? – Sí, claro, por juegos, con el cachondeo, y eso.

¿A quién le has tocado los pechos? – Pues así, tocar, bastantes: a mi madre, mi hermana, algunas amigas… Pero ya con intenciones sexuales, sólo alguna chica.

¿Qué parte de tu cuerpo te enloquece que te toquen? – La nuca, y el sitio donde tengo tatuada la pequeña mariposita roja, jejeje…

¿Palabras fuertes que te excita que te digan mientras follas? – Uf, muchas. Me encanta que me follen duro, me gusta que me digan “zorra”, “cómemela”, y todo eso.

Confiesa a qué conocidos tuyos deseas actualmente. – Juan (compañero de trabajo) que tiene fama por los demás compañeros de estar muy bien dotado, Christian (amigo) que está buenísimo y cuando lo veo en la playa me sofoco, un monitor del gimnasio que no sé como se llama… Hay muchos.

¿Algún pariente? – Mi cuñado Álex está bastante bueno y tiene un revolcón. Una vez lo pillé desnudo en su casa, me quedé mirando como una boba, y se le puso dura. Pero nunca se acerca, ni me tira los tejos, ni nada, y yo no le haría esa putada a mi hermana.

¿Alguna chica? – Belén, compañera de trabajo y vecina, que tiene un cuerpazo que impresiona.

¿Quién de tus amigas te parece más guapa? – Sara, tiene unos ojos verdes y unos labios muy llamativos y una cara muy linda.

¿Y más sexy? – Belén, la de antes. Tiene unas tetas acojonantes y bailando en las cenas de la empresa me pone cachonda hasta a mi.

¿Deseas al novio/marido de alguna amiga tuya? – Sí. Christian es el novio de Sara.

¿Tienes novio/marido? – Novio, ya lo dije antes.

¿Qué opinas de la infidelidad? – Pues que depende de la ocasión.

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Ana, muchísimas gracias por compartir tus intimidades y por dejarme colgarlas en el blog.

Si os animais a responder al test:

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Los primeros días me sentía como una obsesa

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Los primeros días me sentía como una obsesa. Pero ahora, la verdad es que me da morbo: me siento algo guarra, y eso me pone más cachonda. Nunca me hubiera imaginado a mi misma así. Me lo he hecho en el gimnasio, en el trabajo, en los baños de una cafetería, en casa de una amiga, en la piscina de la urbanización y en el cuarto de baño de mi hermana. Mi cuñado casi me pilla, y de hecho no se si me habrá escuchado gemir.

El otro día estaba de compras. Me estaba probando un camisón con transparencias en el pecho. Al mirarme al espejo, me gustó mucho. Se me veían totalmente los pezones entre el encaje azul celeste. Me acaricié sobre el encaje, y note que estaba caliente. Me estremecí. Si hubiese sido hace meses, no habría pasado nada. Pero ahora no puedo aguantarme. Metí la mano debajo de las braguitas y empecé a acariciarme. Noté que ya estaba muy mojada, el dedo entraba suave. Fue la última vez que me masturbé en un sitio público antes de tomar medidas.

“Voy a acabar rompiéndome la mano”, pensé al cabo de un par de semanas de pajillera. Los hombres, en su adolescencia, se acostumbran a masturbarse a diario. Nosotras no lo hacemos, y las que lo hacen no lo dicen. Yo siempre he pensado que es porque lo nuestro es más cansado.

Los hombres sujetan, sacuden, y ya está. Pero nosotras hacemos un esfuerzo físico tremendo para darnos placer, ya sea luchando con nuestros dedos contra el clítoris, o metiéndolos dentro. Es un trabajo duro, y es casi obligatorio. Aunque empieces acariciándote suave los labios humedecidos, eso te da mucho placer, pero al final siempre acabas necesitando más caña.

Para eso se inventaron los consoladores. Y yo necesitaba uno, teniendo en cuenta el trabajo acumulado de los últimos tiempos. Recuerdo que me habían regalado uno hace años, unas amigas, en un cumpleaños. Típica broma. Ni siquiera lo había probado. Y ya no sé dónde lo puedo haber metido. Seguramente lo tiré antes de casarme.

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Hasta ahora nunca me había masturbado fuera de casa

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Hasta ahora nunca me había masturbado fuera de casa. Lo había hecho en mi ducha, en mi bañera de burbujas, en la cama… pero nunca fuera de casa.

Hace unas cuantas semanas, estaba en el gimnasio, haciendo bicicleta. Llevaba mis mayas blancas y un top amarillo, con tiras finas, sin sujetador. A veces me gusta esa sensación de estar sin sujetador con una camiseta muy fina. Todos los hombres y la mayoría de mujeres me prestaban mucha atención.

Me di cuenta de un chico que me miraba especialmente. Sentado en la bicicleta horizontal, con una camiseta azul y pantalones pirata blancos. Tendría unos veinticinco años, moreno, con melena larga oscura, barba canalla de varios días y piel soleada. No dejaba de mirarme por el espejo. Me azoré, al principio estaba un poco intimidada porque miraba con mucho descaro. No apartaba la vista de mis pechos, ni aun cuando yo estaba mirándole a la cara.

Normalmente, no sudo mucho. Pero llevaba ya un tiempo en la bicicleta, y el sudor empezó a pegarme la camiseta mas a la piel. Me vi en el espejo y tenía los pezones completamente duros, y muy marcados. Incluso transparentaban las aureolas oscuras. El chico se levantó y se vino hacia mí. Mirándome a la cara directamente. Se paró y dijo:

- Perdona… ¿me puedes prestar la goma del pelo?

Yo tenía una goma amarilla en la muñeca. Me la quité y se la di. Él no dejaba de mirarme las tetas, casi relamiéndose. Estaba a menos de medio metro, y me miraba los pezones con total descaro mientras se ataba la melena oscura.

- Gracias… si quieres luego quedamos para devolvértela…

- Tranquilo, tengo más, puedes quedártela.

- Me gusta mucho tu camiseta…

- Gracias.

No supe que decir, pero noté la humedad al momento. El chico no dijo mucho más. Volvió a su bicicleta, y siguió comiéndome con los ojos otro buen rato. Luego se marchó al vestuario, saludándome con la cabeza al pasar cerca de mí. Pasó por detrás de mí, y se quedó un par de segundos mirándome el culo. Luego se quitó la goma del pelo, y me la devolvió.

En cuanto entré en mi cabina del vestuario, empecé a acariciarme pensando en el chico. Sus ojos mirándome, me imaginaba sus manos en mis pechos, abarcándolos mientras me los chupaba. Estaba tan caliente…

Me masturbé en la ducha. Dos veces. Me di tanta caña que al día siguiente me dolía la mano. Era la primera vez que me masturbaba fuera de casa. Desde esa vez, ha habido más. Incluso me he tenido que masturbar dos veces en el trabajo, en medio de las clases, metida en el baño.

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