Os deseo a todos los que me leéis un Feliz Año 2010.
¡Y que por fin pueda dedicar algo de tiempo al blog!
Os dejo un pequeño regalo de año nuevo.
Tengo muchas cosas que contaros…
Gracias a todos el blog ha superado las 10.000 visitas en menos de un año.
No esperaba esta aceptación para una ventana privada como esta.
Un beso agradecido.
Julia
El sábado se respiraba ese ambiente de paz y aire detenido típico cuando las vacaciones familiares se terminan al día siguiente. Mucha tranquilidad en casa y comida en el jardín. Las chicas y sus amigos iban a una fiesta en la playa por la tarde: querían volver pronto para madrugar y viajar en coche a primera hora del domingo. Mi marido se marchó a media tarde con mi suegro, de manera que me quedé sola con mi cuñado. Según mi marido, estando su hermano conmigo en casa se queda más tranquilo: no sé cuánto conoce a su hermano
*Cena a deshora
Como yo estaba en bikini, mi cuñado me ayudó a hacerle la cena a Lucas. Le acostamos pronto, porque estaba agotado de jugar todo el día anterior en el parque acuático. Cuando nos quedamos a solas, yo esperaba un ataque masivo por parte de José Luis. Me comió con los ojos un buen rato, me soltó varias de sus indirectas picantes, pero en general se comportó. A lo mejor resulta que mi marido sí conoce a su hermano, después de todo.
Me fui a la habitación, me duché y me puse cómoda para ver un DVD: “El lector”. Una buena película, muy dura, pero con una primera parte realmente erótica en la que empezaba a sentirme identificada con los sucesos de los días anteriores. Cuando estaba viéndola escuché a los chicos llegar de su fiesta e irse a la cama. No tuve que salir a decirles que no hicieran ruido para no despertar a Lucas, porque fueron realmente silenciosos.
Terminé la película y noté sensación de hambre. Lógico porque, después de la gran comida en el jardín, no había cenado. Me puse la bata de verano para salir a comer algo a la cocina. Justo delante de la puerta, me detuve. Me lo pensé mejor. Me quité la bata, y decidí salir tal como estaba: con un tanga amarillo muy fino y un top blanco de tiras. Por primera vez iba a hacer algo ilógico y fuera de lugar por puro morbo: el morbo de que alguien se levantase y me encontrase semidesnuda en el pasillo o la cocina.
Avancé por el pasillo. Nerviosa, tensa. Casi me parecía sentir frescor en mis nalgas por estar en tanga en mitad del pasillo. El top era tan fino que notaba erizarse mis pezones contra la tela, de tanta excitación. Esperaba que en cualquier momento se abriese una puerta y saliera mi cuñado, y me viera así vestida. Bajé las escaleras sintiéndome prácticamente desnuda, y llegué a la cocina no mucho más tranquila. Me calmé y abrí la nevera para beber algo.
Me sobresaltó ver por el rabillo del ojo que entraba alguien en la cocina. Me giré azorada y me encontré con uno de los amigos de mis hijastras: Fernando, el hermano pequeño de Malena. Mi primer pensamiento, instintivo, fue “tápate, que estás en tanga delante de un amigo de tus hijas”. Pero en seguida me vino un segundo pensamiento: si había salido de mi cuarto en tanga y top, a pesar de que había riesgo de encontrarme con alguien, era precisamente porque deseaba ese encuentro.
Aquello era precisamente lo que estaba buscando al salir en lencería de mi cuarto. Podría haber sido peor: podría haber entrado en la cocina mi cuñado, y eso sería peligroso de verdad teniendo en cuenta que mi marido no dormía en casa y que mi cuñado me desea realmente. Fernando era un chaval, apenas me conocía de unos días, me trataba con muchísimo respeto siempre, y no tenía que temer que se propasase.
- Perdón, me pareció escuchar a alguien… – el chico, sobresaltado, procuraba no mirarme.
- Sí, claro. Bajé a la cocina – yo me comportaba como si normalmente estuviera en tanga y top semitransparente cuando hablaba con los amigos de mis hijas – ¿Querías algo?
- Pues… la verdad que tengo hambre, pero no quiero molestarla.
- No, tranquilo. Te hago un bocata, ¿te parece bien? Así me tomo yo otro – abrí la nevera.
- Bueno… si no la molesto… – se le cortaba la voz: yo estaba de espaldas, y veía el tanga.
- No, que va. Siéntate. ¿De jamón y queso te va bien? – pregunté, agachándome en la nevera.
- Sí, sí… – balbuceaba, mientras se sentaba en el taburete.
Me agaché deliberadamente, tardando más o menos el doble de lo normal. Fue parecido a cuando serví el café a los amigos de mi marido. Pero aquel tanga era un tanga de bikini. El tanga de esta vez era un tanga de lencería. Aparentemente son iguales. Pero es muy diferente. Cogí los paquetes que necesitaba y una lata de Coca-Cola Light, notando que Fernando contenía la respiración. Casi podía escuchar sus pensamientos, porque sé perfectamente que pensaba que aquello era “demasiado bueno” para ser cierto.
Me acerqué a la barra donde estaba él sentado. Por algún motivo ya no temblaba de nervios, me sentía relajada, manejando la situación, totalmente controladora. Me di cuenta en ese momento de que el chico llevaba también poca ropa: una camiseta y un boxer, ambos blancos. Noté, sin querer mirar demasiado, que había erección debajo. También noté que mientras me acercaba a donde estaba él fue cuando se dio cuenta de que mi top era algo transparente.
-En la comida nos acabamos el pan. ¿Te importa que te lo haga con bollos dulces?
El dijo que no, claro. En ese preciso momento podría sugerirle la extracción sin anestesia de todas sus muelas, que tampoco le importaría. Los bollos dulces estaban en la estantería, junto a donde él estaba sentado, estante inferior. De manera que me agaché por segunda vez, en esta ocasión justo frente a él. Tenía una buena vista de mi escote, los pechos casi hasta los pezones. También tardé el doble de lo normal. Para cuando me levanté, su cara estaba totalmente roja. Aproveché el movimiento de levantarme, y me incorporé muy cerca de él. Sentirme a tan corta distancia no le tranquilizaba, precisamente.
Me quedé muy cerca: me puse a hacer el bocadillo en la propia barra donde Fernando se hallaba sentado. Estaba a menos de treinta centímetros de él, dándole conversación trivial sobre las vacaciones, mientras abría el bollo. Mis muslos desnudos rozaban con sus rodillas, porque estaba sentado en el taburete.
Él respondía con monosílabos. Creo que quería disfrutar cada momento de mi visión en tanga, oliendo mi perfume a tan corta distancia. Imagino que todos los días que pasó con nosotros, que me vio en bikini por la casa, pensaría o fantasearía en tenerme tan cerca. Estaba segura de ello por cómo me miraba en la cocina.
-¿Lo quieres con mantequilla?
-Sí, vale – el chico lo habría querido con una rata muerta con tal de seguir mirándome.
Volví al frigorífico, y tardé todavía más para sacar la mantequilla. El frío que salía de dentro hizo que los pezones se me endurecieran todavía más, un efecto secundario que no había previsto, pero que me venía de maravilla. Al volver junto al chico, no tardó ni un segundo en darse cuenta de que mis pezones parecían estar a punto de atravesar la camiseta. Pero yo, como si nada, me puse a untarle el pan con la mantequilla, muy despacio.
La mantequilla siempre me ha parecido un alimento erótico, quizás por culpa del cine. Por lo que fuera, me manché “accidentalmente” de mantequilla el pulgar izquierdo. Haciéndolo, recordaba el momento con la Nocilla y los chicos en la playa. Miré a Fernando directamente, con cara de normalidad, mientras lamía la mantequilla de mi dedo. El color rojo de su cara se acentuó. Y yo, digámoslo abiertamente, estaba cachonda. Por segunda vez desde que estoy casada sentí que tenía que contenerme para no echarme encima de un hombre. En este caso, de un chaval que, además, es amigo de mis hijas.
Terminé de hacerle la cena improvisada, y volví a dejar la mantequilla en el frigorífico. Tercera visión de mi culo con tanga. Para variar el programa, esta vez al acercarme me iba colocando el top, lo que hacía que se marcasen todavía más mis pezones.
Él estaba empezando a morder el bocata, pero lo que realmente se estaba comiendo (con los ojos) era a mí. Para rematarla, le ofrecí una servilleta de papel, que el aceptó, sin saber que nuevamente tendría que agacharme ante el. Esta vez me agaché durante menos tiempo, porque no hay excusa para tardar diez segundos en coger una servilleta. Pero como me había colocado el top, más abajo, esta vez por mi escote asomaban un poco las aureolas de mis pezones.
Me levanté, sabiendo que se quedaba con esa imagen, y le di las buenas noches.
Le di un beso cariñoso en la mejilla, arreglándomelas para que mis pezones duros, los mismos que había estado a punto de ver hacía dos segundos, rozasen su antebrazo. Podía notar su olor a excitación, pero también el mío, pues el tanga no es precisamente un gran aislante.
Me despedí y subí a mi cuarto.
Por supuesto, me masturbé. Esa noche le escuché ir al baño al menos dos veces.
Ese rato en la cocina con Fernando me descubrió habilidades que no había explorado antes.
Curiosamente, el “morbo doméstico” había resultado más sugerente que la “semana de chicas” con Laura.
–
Lo ocurrido en la playa me provocó muchas sensaciones extrañas y nuevas. Los últimos días de las vacaciones en familia prometían ser mucho menos excitantes en cuanto a emociones de lo que había tenido hasta ese momento.
*Parque acuático
A mi hijo le encanta ir al parque acuático. No le llevamos mucho, porque hay que estar vigilante con él y es agotador, pero cuando sucede es toda una fiesta. Este verano se portó de maravilla, de manera que los últimos días de vacaciones familiares quería que fueran especiales. Por eso le prometí llevarle al parque acuático, y organizamos un pequeño día allí para toda la familia el viernes.
Para ese día en familia escogí el bikini blanco, que es de braguita brasileña por debajo, y es algo más tapado que el tanga, aunque por arriba es bastante exuberante con el corte de triángulos. A mi suegro, que vino con nosotros, le encantó la elección, a juzgar por las miradas de soslayo que me dedicaba cada cierto tiempo.
Entre todos los placeres acuáticos y atracciones del parque, la favorita de mi hijo es una que simula el descenso de un río de aguas bravas: una sucesión de tanques, unidos entre si por tubos descubiertos con aguas turbulentas, que se bajan de uno en otro sobre una colchoneta inflable, como si fueran los rápidos. Para él es el colmo de la aventura, a pesar de que debe usarla con supervisión de un adulto, porque bajar por los toboganes con el agua en cascada tiene un cierto peligro (la colchoneta se suele volcar en las paradas y la mayoría de los que la usan son mucho mayores).
Esa atracción me desagrada tanto como a él le gusta, porque en hora punta está muy llena de gente, y en cada tanque se forma un amontonamiento agobiante. Pero como es su favorita, me toca ejercer de madre estupenda y llevarlo río abajo, a pesar del sol de justicia y el calor agobiante de la sobremesa. Escogimos una colchoneta grande y con asas, para que yo pueda sujetarla. Yo, como la mayoría, bajo la atracción sin flotador, para poder sostener la de mi hijo cuando es necesario, pero a los niños les gusta tener su gran colchoneta.
Subimos una multitud de escaleras cargando con el flotador en forma de donut gigante, porque para poder descender por la atracción, lógicamente, hay que empezar muy arriba. En las escaleras, justo detrás de mi, subían tres chicos de unos 20 años cargando sus flotadores. Ya en las escaleras noté que se echaban miradas entre ellos comentando mi bikini, y soltaban algún soplido de aprobación a mi cuerpo. No decían nada entre ellos porque estaba Lucas delante, y eso me gustó: es evidente que a una mujer que lleva un bikini blanco como el mío le gusta que la miren. Yo lo llevo porque a mi me gusta. Pero ello no significa que los que me miran deban ser maleducados o molestar a mi hijo. Estos chicos me miraban, podía notar sus ojos resbalando por mis nalgas y muslos suavemente. Pero se mantenían en silencio, sin molestar. Y eso es especialmente morboso. No pude evitar recordar lo ocurrido en la playa el día anterior.
Llegamos al principio de la atracción y empezamos a bajar. Primer tobogán, primer contacto con el agua refrescante, y primer chapuzón al llegar al primer tanque, donde había ya un par de personas con sus flotadores, y apenas había espacio. Con tanta gente era algo agobiante y peligroso lanzarse, así que le expliqué a Lucas que íbamos a esperar siempre a que el siguiente tanque estuviera totalmente vacío para seguir lanzarnos por el tobogán de forma segura.
Como estábamos en el tanque esperando, provocamos algo de embotellamiento. Los chicos que habían subido mirándome el culo se lanzaron hacia nuestro tanque. El primero cayó con espacio libre. Pero al segundo se le enganchó la colchoneta en el bordillo del tobogán y se le volteó, viniendo a parar contra mí. Aunque no fue un choque fuerte, al ser piel con piel, yo en bikini y él en bañador, sintió pudor y me pidió disculpas. Yo sonreí levemente para aceptarlas, pues en esta atracción son normales los choques.
El siguiente tanque se vació y nos lanzamos hacia él. Al bajar por el tobogán sin flotador, se me metía la braguita entre las nalgas. Llegué al tanque y me la quité. Como el agua de los tanques apenas me daba por la mitad del muslo, los chicos desde el tanque de arriba me vieron sacándome de entre las nalgas la braguita, y uno de ellos silbó. Tardaron poco en bajar hasta nuestro tanque, y me di cuenta de que se les había ocurrido la estupenda idea de bajar con nosotros toda la atracción.
Un niño y cuatro adultos (los tres chicos y yo), con cuatro flotadores-donut en total, está al borde de la capacidad de esos tanques. Cuando el último chico llegó a nuestro tanque, estábamos realmente apretados. No mi hijo, que estaba sentado en su flotador, ya preparado en el tobogán, pero yo estaba apretujada contra el cuerpo de los chicos. Y esa era exactamente la intención de ellos. Notaba el roce de sus piernas con las mías, sus torsos húmedos rozando mis brazos. Empecé a sentirme un poco acosada, pero en seguida bajamos al tercer tanque.
Bajó mi hijo, yo detrás sin colchoneta, y en seguida bajaron los chicos. Ya apenas tardaban nada: venían justo detrás de mí. Otra vez mis nalgas quedaron al aire porque la presión había corrido la tela del bikini. Me lo coloqué, teniendo a los chicos justo detrás de mi espalda. Yo disimulaba, conversaba con Lucas fingiendo que no me enteraba de que los chicos estaban allí, comiéndome con la mirada y buscando el mayor roce posible. Ellos estaban nerviosos, apenas hablaban, pero reían mucho de chistes silenciosos que yo no escuchaba. Podía notar como intercambiaban miradas cómplices hacia mi cuerpo, y eso me provocaba sensaciones extrañas.
Un tanque más abajo, seguíamos apretados y ellos trataban de rozarse conmigo todo cuanto era posible sin parecer sospechoso. En un momento, cuando puse a Lucas en el tobogán preparado para bajar el siguiente tramo, noté un pequeño tirón en el nudo trasero de mi sujetador. Al momento me di cuenta de que alguno de los chicos había cogido sutilmente el cabo y bromeaba en silencio con los otros dos sobre el deseo que tenía de tirar de mi bikini y dejarme con los pechos al aire. Yo fingí no enterarme, y no fue a más.
En el siguiente tanque se repitió la situación, pero cuando bajamos hasta el último, la cosa cambió. El flotador de mi hijo se atascó un poco al final del tubo, que por algún motivo era más estrecho de lo normal: Yo lo desatasqué con mis pies y, al levantarme, el chico que venía bajando justo detrás de mí trató de frenar para no arrollarme. Se cayó de su flotador y vino de cabeza hacia donde yo estaba. Tropezamos y nos enredamos. Nos habíamos hecho un lío, y sus manos, casualmente, se “fueron” a mis nalgas. Me pidió perdón, pero no desperdició la ocasión al ponernos de pie de tocarme las nalgas un par de veces antes de desenredarse. Siguiendo su mirada me di cuenta de que, con el revuelco, tenía mi pezón izquierdo asomando fuera del bikini. Me lo coloqué, tranquilamente, y salí de la piscina, con Lucas de la mano.
Cuando volvía andando hacia donde estaba mi marido y mi suegro todavía me encontraba excitada. Era la segunda vez en dos días que alguien se excedía conmigo estando mi hijo presente, aunque en esta segunda ocasión ya no fueron sólo miradas y palabras, sino algo más físico. Debo confesar que en ambas sentí una excitación que no había sentido antes. Una turbación extraña, y la sensación de ser demasiado atrevida. Pero me gustaba.
Probablemente lo ha provocado mi nueva actitud.
Ya es oficial: soy una “madre sexy”.
–
*Post Data
Esta entrada del blog, y las siguientes sobre el Verano de 2009 tendrían que haber sido publicadas a finales de septiembre y principios de octubre.
A finales de septiembre tuve una experiencia que me hizo plantearme seriamente dejar aparcado el blog, a pesar de las ganas renovadas con las que volví tras el verano. En octubre sólo publiqué un Test que ya estaba programado hace dos meses.
Ahora eso ya está superado, y aquí estoy para dar más guerra que nunca.
A pesar de que ahora estamos en noviembre, y resulta extraño hablar del verano, he querido colgar los textos atrasados igualmente, para todos los que me leéis.
Porque son importantes, y no quería que os los perdiéseis.
Un beso, Julia

ÍNTIMO
UNA FANTASÍA CLÁSICA QUE TE EXCITA – Me gusta la de la chacha erótica con delantal y uniforme, limpiando el polvo mientras el jefe de la casa le mira el culo.
¿HARÍAS UN STRIPTEASE CON GENTE VIÉNDOTE? – Creo que sí, me gustaría.
¿TE GUSTA QUE TE ESPÍEN? – Me gusta que me miren, y que me miren más o menos a escondidas, pero lo de ser espiada suena un poco a que un psicópata me persiga y eso, la verdad, me da algo de miedo.
¿FOLLARÍAS CON “PÚBLICO”? – Viví dos años en un piso donde, al parecer, las paredes eran bastante finas. Una vez, después justo de llegar al orgasmo, los vecinos aplaudieron con bastante cachondeo, y la verdad que no me molestó. Ahora, si es con gente mirando, no lo sé.
CUENTA EL “ESPECTÁCULO” MÁS LLAMATIVO QUE HAYAS MONTADO EN PÚBLICO – En público siempre me comporto, la gente tiene una imagen de que soy una persona muy seria. Pero sí hubo una vez que me pasé de la raya. Fue antes de acabar la carrera, en una reunión de amigos en casa de uno de ellos para celebrar que acabábamos la universidad. Era verano, hacía mucho calor, y me puse en top less con naturalidad. Había tres chicas más, que eran las novias de mis amigos. Yo era la única que iba sin su pareja. Ellas se pusieron un poco competitivas, y se quedaron también en top less, para rivalizar conmigo. Con las copas y la fiesta, la verdad es que empecé a zorrear un poco con los tres chicos, sentándome en su regazo, pasando del regazo de uno al regazo del otro, y sus novias se enfadaron bastante.
¿TE HAN PILLADO HACIÉNDOLO? – Una vez estuvo a punto. De película cómica, aunque fue bastante grave. Fue con mi segundo chico, el primer novio un poco serio que tuve. Los dos teníamos 19 años, y digamos que buscábamos cada ocasión para hacerlo. Aprovechamos un fin de semana para ir al piso que sus padres tenían en la costa, pensando que los padres tenían planes en otro lado. Nos equivocamos. Mi chico estaba en la habitación, yo me estaba desnudando para entrar en plan estrella en el cuarto, y justo apareció su padre por la puerta. No nos cogió en plena faena, pero me pilló totalmente desnuda en medio del pasillo. La bronca a su hijo fue de campeonato, pero cada vez que nos cruzamos desde entonces, el padre parecía desnudarme con la mirada.
¿TÚ HAS PILLADO A ALGUIEN? – Una vez en una fiesta en el piso de estudiantes de unos amigos fui al baño y me encontré a una amiga, muy puritana ella, con las manos de un chico sobre sus pechos desnudos. Estaban algo borrachos, así que creo que no se enteraron. Cerré la puerta y les dejé intimidad, aunque me imagino que alguien más debió verles.
LA PRIMERA VEZ QUE TE EXCITASTE EN TU VIDA – Lo más antiguo que recuerdo es una vez, cuando tenía 12, que iba a la playa en autobús, con unos vaqueros y el bikini por debajo. El bikini me quedaba algo ajustado, porque era de cuando era más pequeña, y con el calor, los vaqueros y el movimiento del autobús, el roce me excitó mucho.
¿HAS SIDO UNA LOLITA? – Nunca tuve aire lolita. Las lolitas suelen ser rubias, piel blanca, de ojos claros y cara angelical. Yo era muy morena de piel, ojos oscuros y cara de espabilada.
¿QUÉ MADURO FUE EL PRIMERO EN DARTE MORBO? ¿CON QUÉ EDAD?– Un vecino, casado con dos hijas, que vivía justo en frente de nosotros. Me miraba por la ventana, y no disimulaba mucho, pero nunca se pasó conmigo y era siempre muy educado cuando nos cruzábamos en el portal o el ascensor.
¿Y TU PRIMER ROCE CON UN MADURO? – Con 16, estando de fiesta con dos amigas. Típica noche que vas con amigas a un local un poco chic, donde la gente es más adulta, para sentirte mayor, y por suerte el portero te dejaba pasar. Unos tipos de más de 30 se fijaron en nosotras, aunque no íbamos vestidas como van las niñas de hoy en día, sí que llamábamos la atención. Bailamos con ellos, tonteamos, aunque sin saber demasiado lo que hacíamos, éramos muy inexpertas. Nos pagaron unas copas, ellos también tonteaban, se arrimaban, sospechaban nuestra edad pero no se atrevían a preguntarla. Nos llevaron a otro local, y se pusieron más íntimos, pero se contentaron con meternos mano. Recuerdo que me tocaron el culo más que nunca en mi vida, pero no pasó a mayores. No les volvimos a ver, seguramente estaban de viaje.
¿QUÉ MADURO TE EXCITA AHORA? – Tenemos un cliente fijo, de los importantes, de 50 años. Es el hombre más elegante que he visto en mi vida, además de ser muy guapo. Cuando estamos en alguna reunión para tratar sus temas, no deja de mirarme los pechos. Me mira y sonríe. Me desnuda con la mirada, pero lo hace con estilo, y nunca me dice nada. Me encanta.
¿Y QUÉ JOVENCITOS TE DAN MORBO AHORA? – También en el trabajo, tenemos a un chico de 21 haciendo prácticas por recomendación de su padre, que es amigo del jefe. Es un chaval muy tímido, y lo han puesto a mi cargo, me está ayudando en mis tareas. Reconozco que me da mucho morbo, sobre todo la idea de ser un poco su “tutora” en el despacho.
¿BESASTE ALGUNA VEZ A UNA CHICA? – Una vez, en una despedida de soltera, me di un buen beso con una amiga, que era la que se casaba. Era de noche y estábamos de fiesta.
¿A QUIÉN LE HAS TOCADO LOS PECHOS? – Hasta hace un par de años estuve una temporada compartiendo piso con una chica italiana, bastante hippie y muy rara. Un día me dijo, así por las buenas, si me importaba que me tocase los pechos, porque le apetecía. Pensé que estaba de broma, y le dije que no. Le estuve dando vueltas varios días, y al final le dije que si lo decía en serio, que vale. Fue surrealista. Me quité la camiseta y ella empezó a acariciarme los pechos, muy suave, con toda la calma. Reconozco que me excité mucho. Y luego le dije que me tocaba a mí, y le toqué los pechos yo a ella. Fue una situación muy rara, pero excitante.
CONFIESA A QUÉ CONOCIDOS TUYOS DESEAS ACTUALMENTE. – Tengo un vecino muy guapo, de unos 30 años, que parece que quiere ligar conmigo desde que me mudé, pero tiene novia y no quiero líos. En la oficina hay algún compañero que tiene su punto, sobre todo con el traje y la corbata, pero el que más deseo creo que es el jovencito del que hablé antes.
¿ALGÚN PARIENTE? – Tengo desde siempre un rollito muy peculiar con mi cuñado, en plan tensión sexual, miradas e indirectas. Nos lanzamos muchas, hablamos de sexo con naturalidad, pero nunca ha pasado nada.
¿ALGUNA CHICA? – Hubiese tenido sexo encantada con mi excompañera de piso, la hippie, la que me tocó los pechos, pero ese día no llegó a mayores la cosa. En general, no me atraen las mujeres.
¿QUIÉN DE TUS AMIGAS TE PARECE MÁS GUAPA? – Una amiga del gimnasio, venezolana, mulata, que es un bellezón de concurso.
¿Y MÁS SEXY? – Tengo una compañera de trabajo, administrativa de la oficina, que es la típica rubia de bote que va de sex symbol, con la ropa ajustadísima y marcando pechos de silicona. Es muy resultona, habla como en susurros, siempre risueña, es muy buena captando la atención de los hombres. Reconozco que a veces hasta me excita a mi.
¿DESEAS AL NOVIO/MARIDO DE ALGUNA AMIGA TUYA? – Pues ninguno que recuerde ahora mismo.
¿TIENES NOVIO/MARIDO? – Tengo una relación, pero no es nada serio.
¿QUÉ OPINAS DE LA INFIDELIDAD? – Yo no sé si sería capaz de ser fiel.
¿QUÉ PARTE DE TU CUERPO TE ENLOQUECE QUE TE TOQUEN? – Bien tocado, el ano.
¿PALABRAS FUERTES QUE TE EXCITA QUE TE DIGAN MIENTRAS FOLLAS? – La verdad, me gusta que me traten fuerte y me digan de todo. Cuando mis amigas me cuentan que a ellas les corta que los maridos les digan cosas, yo pienso que debo ser muy rara, porque a mi me gusta el lenguaje fuerte. Sobre todo me hace perder el control que me llamen “puta”.
SEXO
EN EL SEXO, ¿CÓMO TE DEFINIRÍAS CON UNA SOLA PALABRA? – Viciosa, aunque suene fuerte.
¿MANDONA O SUMISA? – Cuando me toca ser mandona y llevar las riendas, soy muy mandona, me gusta dominar. Pero en el momento ideal, soy extremadamente sumisa. Osea, que las dos cosas, pero dependiendo de con quién.
PRIMER ORGASMO ¿RECUERDAS LA PRIMERA VEZ QUE TE MASTURBASTE? – Perfectamente. Tenía 15 años. Algunas amigas decían que lo habían hecho, yo quería probar. Le cogí una cinta de porno a mi hermano mayor. No me excitó mucho, pero si lo suficiente. Me masturbé en el sofá del salón, y terminé apenas cinco minutos antes de que mi madre volviera del gimnasio.
¿CUÁL ES LA POSTURA Y EL SITIO PERFECTOS PARA MASTURBARTE? – En los hoteles. No sé por qué, pero cuando viajo por trabajo, normalmente me masturbo en la cama o la bañera del hotel. Recuerdo una vez, recién llegada del avión, me eché en la cama, me bajé el tanga, y me masturbé con la ropa puesta. La postura, normalmente, clásica, misionero en versión masturbación.
PASO A PASO… ¿CÓMO TE MASTURBAS? (MOVIMIENTOS, COSTUMBRES…) – Me lo tomo con calma, me organizo, apago el móvil, me echo en la cama, y cierro los ojos. Me acaricio, sobre todo las nalgas, el ano, y luego me masturbo, normalmente con las dos manos y una detrás.
¿CUÁL ES EL SITIO MÁS EXTRAÑO/MORBOSO EN QUE TE HAS MASTURBADO? – Pues en mi anterior trabajo, en el baño de la oficina. Pero no fue una buena experiencia, yo necesito más calma y espacio.
¿Y LA ÚLTIMA VEZ QUE TE MASTURBASTE? – Ayer. Llegué tarde a casa, porque estuve con el chico de prácticas revisando unos expedientes hasta muy tarde. Cuando llegué a casa estaba excitada, y me masturbé en la cama.
¿Y EN QUÉ ESTABAS PENSANDO…? – En el chico de prácticas y yo, a esas horas, los dos solos en la oficina. Fantaseaba un poco.
¿TIENES/USAS JUGUETES SEXUALES? – Tres vibradores, una mariposa y unas bolas chinas.
¿CUÁNDO Y A QUIÉN LE HICISTE TU PRIMERA PAJA? – Con 17 años, a mi primer novio, que era algo mayor que yo, él tenía 21 años. Creo que fue bien.
¿Y CON QUÉ EDAD CHUPASTE POR PRIMERA VEZ? – Con 19 años, a mi segundo novio. De esto hace 16 años, y el sexo oral era casi un mito, no había tanta pornografía accesible para ver y aprender, ni mucho menos internet. Creo que no lo hice demasiado bien.
¿TE GUSTA CHUPAR? – Sí, es algo que me excita mucho, y me encanta la sensación de poder.
¿LO MEJOR QUE TE HAS LLEVADO A LA BOCA? – En Londres, con un senegalés muy simpático que compartía piso con unos amigos. Me lo llevé a mi hotel, y pensaba que habría una cámara oculta. El tamaño era de ciencia ficción, y sobre todo durísima como si fuera de madera.
EJEM!… ¿TRAGAS EL SEMEN? – Normalmente lo hago con condón, así que obviamente no.
¿TU SITIO FAVORITO PARA EL SEXO? – Una cama muy grande o un jacuzzi sin muchas aristas ni bordillos para clavarse.
¿Y EL MÁS EXTRAÑO? – El baño de un avión, en un viaje de España a San Francisco. Por aquello de probar.
¿POSTURAS FAVORITAS? – Muchas, soy muy flexible y me gusta cambiar de posturas. Me encanta en el borde de la cama sentada sobre sus piernas.
¿TU MEJOR POLVO? – Hace poco. Noche de hotel, manos atadas a la cama, ojos vendados, y un amante muy experto y paciente. Genial.
¿EL MÁS MORBOSO? – Pues la verdad, cuando tenía 19 y me ligué al profesor terintañero, los primeros polvos eran muy morbosos. Recuerdo en el primero que estaba como loca, muy nerviosa y muy excitada, con el hecho de que iba a hacerlo con mi profesor. A él le ponía mucho hacer bromas, fingir que aquello era para subirme la nota, y a mi me excitaba todavía más que a él ese tipo de fantasía.
RECORD DE POLVOS Y ORGASMOS – Un fin de semana con puente llegué a tener más de 30 orgasmos, en innumerables polvos.
¿CÓMO SON TUS RUIDOS SEXUALES? – Parece que me vaya a desmayar, gimo muy fuerte, pero apenas hablo.
¿PRACTICAS EL SEXO ANAL? – Sí, por favor. Sé que no es habitual, pero me encanta.
¿QUÉ EDADES TENÍAN EL MÁS JOVEN Y EL MÁS MAYOR CON LOS QUE HAS TENIDO SEXO? – Hace dos veranos ligué con dos chicos jovencitos en la playa, estando de vacaciones. Primero me mintieron sobre su edad, pero luego me confesaron que tenían 17. Yo les doblaba la edad (34). Lo pasamos muy bien, eran muy simpáticos y no tenían prisa ni chulería en la cama. El más mayor tenía 54 cuando yo tenía 23. A pesar de estos casos, normalmente mis ligues no me sacan mucha diferencia de edad, para arriba o para abajo.
¿HAS ESTADO CON DOS O MÁS HOMBRES? – Con dos, tres y cuatro.
¿TRÍO CON OTRA CHICA? – Una amiga mía y su novio, que le insistía mucho, y al final les eché una mano con el tema. No fue nada mal, porque el novio está muy bien, y ese día estaba muy excitado con la novedad de verse con dos chicas.
¿Y HAS ESTADO CON ALGUNA MUJER? – No, nunca.
¿HAS FOLLADO CON EL NOVIO/MARIDO DE ALGUNA AMIGA TUYA? – Con mi amiga y su novio, en el trío que acabo de contar. Además, por venganza, fui a por el marido de una amiga hace un par de años. Ella es médico, él diseñador gráfico y trabaja en casa. Me fui por la mañana directa a su casa dos días, y al tercero ya ataqué. No se resistió. Me gustó mucho, y estuvimos liados una buena temporada, haciéndolo en su casa mientras la mujer trabajaba.
¿HAS HECHO SEXO PARA CONSEGUIR ALGO A CAMBIO? – Sí. Cuando estaba en prácticas, empecé a tirarme al uno de los socios del despacho, y me hicieron fija al acabar la carrera. Luego en ese mismo despacho me tiré a los otros dos socios. Acabé cambiando de trabajo, porque era demasiado, pero lo hice, y la verdad que no me arrepiento.
¿HAS COBRADO DINERO POR HACER SEXO? – No directamente, pero en el despacho antiguo llegué a follar para entrar en el reparto de algunas primas, que es casi lo mismo.
¿LO HARÍAS? – No lo necesito, pero lo haría por morbo, siempre que el que me paga el dinero me diera morbo o atrajese físicamente.
¿TE GUSTA QUE TE AZOTEN? – Me encanta, en las nalgas, no muy fuerte, pero que se note y que suene. Incluso alguna bofetada muy suave en la cara, sin hacerme daño, pero por el morbo.
¿CÓMO SERÍA TU FOLLADA PERFECTA? – Yo con las manos atadas a la espalda y amordazada y tres negros haciendo conmigo todo lo que quisieran.
DI UNA PERVERSIÓN CON LA QUE HAYAS FANTASEADO O TE DE CURIOSIDAD – Pues es muy fuerte, pero me gusta fantasear con la idea de iniciar en el sexo a un sobrino jovencito, siendo su maestra, y con todo lo que implica ser su tía.
LA MAYOR PERVERSIÓN EN QUE HAYAS PARTICIPADO – Pues después de haberlo hecho dos veces con el mismo grupito de cuatro amigos, les propuse un bukkake porque era algo con lo que fantaseaba. Lo organicé en mi casa, y fue con mis normas: yo arrodillada en el suelo, con las manos a la espalda pero sin atarlas, pelo recogido y vestida con un kimono japonés. Ellos cuatro podían tocarme cuanto quisieran, pero siempre estando arrodillada, y sólo les haría sexo oral. Fue tremendo, aún no entiendo cómo me excité tanto, sobre todo cuando empezaron a eyacular. Se me durmieron los pies, pero mereció la pena.
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Elena, muchísimas gracias por compartir tus intimidades y por dejarme colgarlas en el blog.
Si os animais a responder al test:

EN GENERAL
¿CÓMO TE LLAMAS? – Elena
¿A QUÉ TE DEDICAS? – Abogada
¿METROSEXUALES O LOOK DESALIÑADO? – Las dos cosas tienen su encanto.
¿BECKHAM-MANÍACA, O PREFERIRÍAS A OTRO FUTBOLISTA? – Beckham está bien.
TÓPICAZO: ¿SOMOS TODOS BISEXUALES? – Eso dicen.
OTRO TÓPICO: ¿EL TAMAÑO IMPORTA? – Seguramente sí.
¿TE GUSTA EL PORNO? – No mucho.
¿A QUÉ FAMOSOS TE GUSTARÍA FOLLARTE? – A Denzel Washington o Will Smith.
¿CON QUÉ FAMOSAS TENDRÍAS UN ROLLO-BOLLO? – Jennifer Aniston, Eva Longoria y Rachel Weisz.
PERSONAL
¿QUÉ EDAD TIENES? – 35
¿QUÉ EDAD APARENTAS? – Unos 30, a veces menos.
¿ERES ALTA Y ESBELTA O BAJITA Y COMPACTA? – Bajita y compacta, pero esbelta también.
¿DELGADA, ATLÉTICA, FLACUCHA, CON CARNES…? – Delgada con curvas.
¿COLOR DE OJOS? – Verdes.
¿PELO? – Negro, liso, largo.
¿QUÉ PARTE TE GUSTA MÁS DE TU CARA? – Nariz y boca.
¿Y DE TU CUERPO? – Las piernas y el culo.
¿ADÓNDE TE MIRAN MÁS LOS TÍOS? – A los pechos.
¿CÓMO CREES QUE SON LAS TETAS PERFECTAS…? – No demasiado grandes, firmes, redondas, morenas y con el pezón oscuro.
¿Y CON RESPECTO A ESO, LAS TUYAS SON…? – Quizás un poco grandes.
¿TUS TETAS SON NATURALES O OPERADAS? – Naturales.
¿CÓMO SON TUS PEZONES? – Muy oscuros, con la aureola algo grande, aunque eso a los hombres les ha gustado siempre que los ven.
¿Y TUS NALGAS? – Duras, tirando a grandes, pero redondas y firmes.
¿CÓMO ES TU SEXO Y COMO LO LLEVAS? – Abultado; lo llevo arreglado pero no depilado.
¿PIERCINGS O TATOOS? – Ninguno, no me pilló la moda.
¿CUALES SON LOS “PIROPOS” MÁS FUERTES QUE TE HAN HECHO? – Lo más fuerte que me han dicho fue el verano pasado en la playa. Estaba por la mañana, sola, haciendo top less, y me estaba poniendo la crema, cuando un chaval se acercó a recoger una pelota de tenis, se agachó, y me dijo como disimulando: “Te las llenaba de leche”. Se levantó como si nada, sin mirarme siquiera, y siguió a su rollo. Me sorprendió porque era jovencito, no tendría ni 18 años.
¿Y TE EXCITÓ ALGUNO DE ELLOS? – A veces te dicen burradas que no dejan de ser algo excitantes. Pero el que más me excitó fue hace ya años, cuando estaba de pasante en mi primera oficina, nerviosa con venitipocos años. Subía en el ascensor con uno de los jefes. Me estaba mirando claramente el culo, y yo le veía por el reflejo de la puerta. Notó que le estaba viendo y me dijo: “Perdona, pero hace años que no entra un culito como el tuyo en esta oficina. Que no te moleste, de verdad”. Salió tan tranquilo, y nunca intentó pasarse conmigo. Pero en ese momento soltó esa frase, con toda naturalidad.
EL SITIO QUE MÁS TE GUSTA PARA LIGAR…. – Me gusta ligar en la playa, y cuando iba a la universidad se me daba bien ligar en clase o la cafetería de la facultad; nunca me ha gustado ligar en las discotecas, demasiado ruido y demasiado alcohol.
¿Y EL MÁS EXTRAÑO DONDE HAS LIGADO? – En Francia, en el TGV, con un chico que iba sentado enfrente de mí; fue amable y educado, era guapo, cuando me propuso quedar para cenar no me pude negar, y luego por la noche me lo llevé a mi hotel.
¿DE QUÉ LIGUE TE SIENTES MÁS ORGULLOSA? – Cuando estaba en la universidad había un profesor treintañero que nos gustaba a todas; sabíamos por dónde salía por las noches, y casi siempre había una o dos alumnas revoloteando para tratar de ligárselo, pero el chico pasaba bastante. Yo conseguí ligármelo, aunque la verdad luego ninguna de mis amigas se lo creyó al principio, pero tuvieron que creerme cuando empezamos a salir juntos.
ROPA DE DIARIO, Y DE ESPECIAL – De diario, para el trabajo, el típico look de abogada, está muy visto pero es cómodo y elegante: yo uso traje pantalón, gris o negro, en verano crema o blanco, incluso rosa palo, con camisa o top de algodón. De especial, me gusta ponerme vestidos y faldas cortas, porque al trabajo casi nunca llevo, y me encanta llevar la espalda al aire.
¿CÓMO TE GUSTAN LOS ESCOTES? – Me gustan los escotes de camisa y camiseta, pero no muy llamativos, más bien algo sugerente.
PARA IR SEXY Y GLAMUROSA TE PONES… – Vestido blanco de escote drapeado y espalda desnuda, aunque es un vestido bastante de gala y lo reservo para ocasiones. En cenas importantes, pero no tan “oficiales”, vestidos de cocktail sencillos pero sofisticados, con tiras finas, y de colores fuertes.
¿TU DISFRAZ MÁS PROVOCATIVO? – En una cena de disfraces de la empresa llevé un disfraz de kimono japonés, muy fino y muy caro, que no enseñaba demasiado pero tuvo mucho éxito y me favorecía mucho.
¿CON QUÉ PRENDAS DE TU ARMARIO TE SIENTES MÁS CALIENTE? – Sobre todo me gustan las minifaldas muy cortas o los minishorts, me gusta lucir piernas.
¿ROPA INTERIOR PARA SENTIRTE COMO UNA DIOSA? – Tanga o microtanga.
TU PRENDA IRRESITIBLE PARA ELLOS – Una que funciona muy bien a pesar de ser bastante simple es una camisa blanca fina, sin sujetador debajo; es muy efectiva para llamar la atención.
¿TU MODELO PLAYERO MÁS ATREVIDO? – Un minitanga de color arena; como tengo la piel muy morena, a cierta distancia parece que vaya totalmente desnuda porque el color del tanga se confunde con mi piel.
¿HACES TOP LESS? – Sí, a menudo, me gusta estar con el pecho al aire.
¿Y NUDISMO? – Lo he probado un par de veces, pero no me gusta especialmente.
¿HAS NADADO DESNUDA? – Sí, en piscina, en río y en mar.
¿CON QUÉ ROPA DUERMES? – Tanga y sujetador deportivo.
¿CÓMO TE GUSTA ANDAR POR CASA? – Donde vivo hace calor casi todo el año, y me gusta llevar poca ropa; a veces también en top less por casa, o en ropa interior, aunque casi nunca desnuda, sólo al salir de la ducha.
(CONTINUARÁ…)
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Elena, muchísimas gracias por compartir tus intimidades y por dejarme colgarlas en el blog.
Si os animais a responder al test:
El plan básico de toda esa semana para mí era aprovechar para estar fuera de casa con Lucas. Por la mañana el peque se pega a la Wii con pegamento. Así que la forma de separarle de ella es comer muy pronto y pasar toda la tarde en la playa. Él con sus amiguetes y yo de charla con las madres de ellos, tomando el sol. Aparte de algunas miradas, desde lejos, al grupo de madres, y de notar que una de ellas me odia por tener el culo que tengo, poco espacio para más. Son momentos de aprovechar y ser madre al 100%, y de paso dejar a mi marido que se vaya a pescar con su padre y su hermano José Luis.
Días de paz. Supuestamente.
*La merienda
El jueves tardamos más en comer de lo normal, y llegamos tarde a la playa. No encontramos a sus amiguetes, así que estuvimos un rato jugando a las raquetas y otro rato en el agua. Es un niño que se porta muy bien, y como llevaba toda la semana sin dar un problema, le di un premio: la PSP de su hermana Tere, el objeto que más codicia. Le dejé jugar a la consola mientras yo leía al sol, hasta la hora de darle la merienda: bocadillo y fruta.
Me incorporé y saqué la merienda de la bolsa. El que tiene hijos sabe que, cuando están con los videojuegos, pueden perder totalmente de vista el mundo que les rodea. Así estaba Lucas, con la PSP y los auriculares puestos: podría haber una explosión y no se enteraría. Decidí transigir, en premio a su comportamiento durante todas las vacaciones, y me preparé para darle la merienda con paciencia, de rodillas sobre la toalla, cortándole a trocitos su bocadillo favorito: doble de Nocilla en pan de molde grande, que el iba comiendo sin apartar sus sentidos de la pantalla. Justo al empezar, vi dos sombras pasar justo detrás de mi espalda, desde la derecha, y escuché, claramente:
-¡Joder, qué culito!
Las mujeres sabemos perfectamente cuando una frase de ese tipo va dirigida a nosotras. Tenemos un radar para ello, y esa frase no hablaba de un “culito” cualquiera, sino de “mi culito”. Me puse tensa, porque mi hijo estaba al lado, aunque como los auriculares y yo sabía que no escuchaba nada. Con el rabillo del ojo seguí las sombras alejándose por mi izquierda, y, al tenerlos en mi campo de visión, vi que eran dos chicos muy jovencitos. Por la edad, podrían perfectamente ser alumnos míos. Venían de darse un baño, y noté que me miraban directamente, así que disimulé y seguí con la merienda de Lucas, fingiendo ignorarles.
Para mi sorpresa, se pararon a unos cinco metros, sin dejar de mirarme, y se sentaron en la arena. Mirando directamente hacia mí. Ahora me veían de frente, y a la distancia podía escucharles sin dificultad:
-¡Pues mira vaya tetas, joder, qué tetas más ricas!
Los chavales, sin pizca de vergüenza, se habían sentado delante de mí para ver el espectáculo. Yo, de rodillas en la toalla, con mi bikini blanco, las dos manos ocupadas en la merienda, les daba la visión ideal. Y encima, con comentarios. Hablaban bajo, pero no tanto para no oír cada cosa que decían. Estaba muy nerviosa. Pensaba en irme de allí, cuando empezó el debate:
-Debe ser la hermana mayor…
-(Susurros) ¡Qué dices, coño! Es la madre.
-¿Cómo va a ser la madre, tío? Es muy joven.
-Que sí, hazme caso. No ves que el niño se parece a ella.
-(Burla) Mira que listo. Si es su hermana también se parece a ella…
-¿Tu hermana de daba la merienda así? ¡Que no, coño! Es joven, pero es la madre.
-¡Joder! (susurros) Pues está buenísima, yo quiero una madre así.
-No seas cerdo. Es mejor que sea la madre de otro…
-¡Wow! Yo tengo una madre así y me mato a pajas…
Ellos pensaban que no les escuchaba. Quizás al ver los cables de los auriculares pensaban que los llevaba puestos. El caso es que, aunque hablaban bajo, yo les escuchaba. Y desde luego, me sentí halagada porque me vieran tan joven. Cuando eres madre, que te consideren una madre que “está buenísima” es el mejor piropo del mundo, con diferencia. Seguí fingiendo que no les escuchaba, dándole la merienda a mi concentradísimo hijo.
-¡Mira qué tetas tiene!
-Las debe tener durísimas…
-(Susurros) Mira, tío, se le marcan los pezones un huevo…
Noté que era cierto. Miré de reojo, mientras cortaba otro trozo de pan de molde con Nocilla para dárselo a Lucas, y vi que mis pezones estaban más duros que antes.
-¡Wow! Los tiene oscuritos…
-Claro, después de preñadas se les ponen más grandes y oscuros. ¿Ves como es la madre?
-Coño, pues las madres de mis amigos no eran así.
-Ya me gustaría que me diera a mí el bocadillo…
-(Susurros) Pues a mí me gustaría meterle la polla entre las tetas…
Estaba realmente nerviosa. Y muy excitada. Era extraño, nunca me había sentido excitada con mi hijo tan cerca, y menos por algo parecido. Pero ahora lo estaba. Y al saber que él, concentrado en la PSP, no se enteraba de lo que decían de su madre, el morbo iba a más.
Con el calor, y los nervios que estaba pasando, la Nocilla derretida me había pringado los dedos. En un movimiento reflejo, empecé a chuparme los dedos para limpiarla, y escuché a los chicos resoplar. Les excitaba ver como me chupaba los dedos con chocolate. Lógico. Algo en mi interior me empujó a hacerlo un poco más despacio, dándoles el gusto.
-(Susurros) Coño, me estoy poniendo malo.
-Yo le dejaba chupármelo todo.
-(Susurros) ¡Calla, tío, que se me está poniendo dura!
-Ya, ya… Pero imagínate ponerla a chupar…
Con las manos temblorosas por lo que acababan de decir, terminé con el bocadillo. Estaba realmente temblando, de una rara mezcla de nervios y morbo. Y empezaba a notarme humedecer. Sin saber bien qué hacer con las manos, de forma refleja me coloqué bien el bikini. Primero la braguita y luego el sujetador.
-¡Joder, qué tetas tiene la muy zorra!
-Lo va a reventar…
Azorada, solté el bikini. Quizás de forma demasiado brusca. Seguía tratando de disimular. Lo mejor era terminar con la merienda. Y el postre de la merienda era un plátano. Los dobles sentidos venían hechos. Lo saqué y lo pelé, para dárselo a Lucas. A partir del primer trozo no quiso más, y yo no estaba precisamente para convencerlo en ese momento. Me lo comí yo, y eso les dio más material para comentar.
-Mira, mira, mira…
-Joder, no puede ser… Yo también tengo un plátano para que me lo coma.
-(Susurros) Coño, para mí que nos oye y lo hace aposta.
-(Susurros) ¡Qué dices! Hay que ser muy puta para oírnos y seguir ahí.
Con eso me remataron, definitivamente. Me notaba muy mojada, y apenas podía seguir disimulando. Le puse la camiseta a Lucas para marcharnos, y luego me até el pareo.
-Qué pena, se van…
-Lástima, me gustaría verle las tetas…
-(Susurros) ¡Coño, sí! Y a mí, no te jode…
No pude evitarlo. Quería hacerlo. Saqué de la bolsa la parte de arriba del bikini naranja. Siempre llevo bikini de repuesto, y necesitaba urgentemente una excusa. Todavía de rodillas en la toalla, no me lo pensé. Si me lo pensaba, no lo hacía.
Me quité sin prisa el sujetador, y dejé mis tetas al aire para que las pudieran ver. Tenía los pezones muy duros y en punta. Sin prisa, pero sin pausa, me puse la parte de arriba del otro bikini. Fueron sólo unos diez segundos de mis tetas al aire, pero sabía que esos chicos tenían para hacerse pajas toda su vida.
Al hacer aquello, seguramente confirmé sus sospechas de que les escuchaba.
“Hay que ser muy puta para oírnos y seguir ahí”, dijeron.
Pero no pude evitarlo.
–
*Amigos de Teresa y Beatriz
Llegó la segunda semana de vacaciones. Mis cuñados (salvo José Luis) se volvieron a su casa, pero llegaron los amigos de Tere y Bea: María y Zoraida, dos amigas encantadoras de mi hijastra pequeña, que iban a dormir en su cuarto, y Jennifer, Malena, Mikel y Fernando, cuatro amigos de la mayor que se acomodaron en las habitaciones de los cuñados que acababan de irse, las chicas compartiendo una y los dos chicos en las otras dos, como marqueses. Jennifer y Malena son las dos amigas inseparables de la mayor. No creo que tenga muchas más amigas: yo también sé lo que es pasar la juventud siendo atractiva y perdiendo amistades.
A Mikel ya le conocía de haberlo visto alguna vez por casa. Un chico con cara de inteligente, muy amigo de Bea, quizás sea su chico. Al otro chico, Fernando, el hermano de Malena, era al único que no conocía. Se notaba que era algo más joven que los otros, por su actitud, más callado y tímido. En el momento que llegaron yo estaba tomando el sol con mi bikini amarillo. Los dos chicos me miraron bastante. Mikel nunca me había visto en bikini, y me hizo el reconocimiento completo, y Fernando era la primera vez que me veía. Sé que les causé impacto, porque luego sus amigas se metieron con ellos al respecto cuando pensaban que yo no les oía. Con ellos hubo pocos roces, porque se pasaron todos los días fuera de casa, y yo también, ejerciendo de madre. Pero era indudable que, aunque se mantenían a cierta distancia, les gustaba cada vez que me encontraban por la casa en bikini.
*Café
A Juanjo le encanta aparentar, sobre todo cuando trata con gente relacionada con su trabajo. Desde que restauramos la casona, siempre invita a amigos o socios del sector, para presumir de su casa y su status, porque muchos de ellos veranean en esa misma zona. Este año reservó una tarde para traer a unos nuevos socios a tomar café al jardín, de forma más íntima.
Yo ya llevaba muchos días con el morbo cotidiano, los roces de mis cuñados, las miradas de mi suegro y las indirectas de José Luis. Con todo ello, viendo que mi marido lo consideraba normal, me apetecía dar un paso más, ver hasta dónde llegaba en su gusto por exhibirme. Sus colegas eran perfectos, él nunca querría quedar mal delante de ellos.
La casona estaba vacía, porque Juanjo había pedido a todos que salieran a pasear para que no estuvieran en casa al llegar sus invitados. Todo por aparentar. Yo esperé en la cocina, como siempre, de manera que mi marido no pudo saber que yo me había cambiado de ropa, para ponerme mi diminuto bikini negro de tanga. No lo supo hasta que me vio salir a servirles el café a los cinco en la mesita del jardín. Y con ellos presentes, yo sabía que no diría nada.
Allí estaba yo, en tanga delante de amigos de mi marido. Con minitanga y sirviéndoles el café en una mesita baja. Al agacharme, más de una vez llegué a temer que los pechos se salieran del pequeño bikini. Cuando me incorporaba notaba que el que estaba detrás de mí en cada momento siempre tenía los ojos desorbitados de haber estado perdiéndose en mis nalgas desnudas. Porque, realmente, con un tanga las nalgas están totalmente desnudas.
-Esta es mi mujer, Julia – me presentó mi marido, titubeando un poco, pero disimulando.
Se incorporaron para saludarme adecuadamente. Alguno de ellos, con problemas, porque bajo sus pantalones de verano se sospechaba cierta actividad. Fui dando dos besos a cada uno, contoneándome sin rubor, excitadísima por la situación, leyendo en su mirada una frase muy nítida: “Joder con la mujer de Juanjo”. Eso decían los ojos de cada uno de ellos. Y yo encantada. Terminé la ronda de saludos, y me despedí, quedando a su servicio:
-Si necesitáis alguna otra cosa, estaré dentro – dije, antes de irme, meneando mis nalgas.
Hice tres visitas más, para llevarles pastas, unos canapés, y más café. Cada vez mi marido se ponía más azulado. Pero luego, cuando ellos se fueron, no me dijo absolutamente nada. Y eso a pesar de que, por segunda vez en mi vida, se había puesto celoso.
Y ambas veces con el mismo bikini como culpable principal. Todo un éxito estadístico.
–
Heredé una casona típica, grande, cerca de la playa. Estaba ruinosa, pero mi marido, que para algo es constructor, la reformó a precio de coste. Ahora es la envidia de todos nuestros conocidos, y los parientes y amigos se suelen auto-invitar. Cada año es parecido. Me gusta, soy sociable. Y este año, además, sería también distinto, porque vería las visitas desde otro punto de vista.
Momento para explorar el “morbo doméstico”.
Mi marido no es celoso. Siempre le ha gustado lucirme, de manera que el hecho de tenerle en casa no coartaba para nada mi libertad para vestirme como quisiera, aunque hubiera visitas de parientes o amistades. Siempre y cuando la cosa no pase de ahí, lógicamente. Lo aproveché, como forma de poner pimienta a estas semanas, buscando los límites dentro de la normalidad, y aprovechando que tuvimos un agosto todavía más caluroso de lo normal como excusa perfecta.
Tere (17) y Bea (19) siempre han sido solidarias para cuidar de su hermanastro. Lo siguen siendo ahora que él empieza a ser mayor. Aunque todavía no puede bajar solo a la playa. Como además iban a recibir visitas de amigos, acordé que la primera semana se llevaran a Lucas a la playa, y luego, cuando estuvieran sus amigos, ya lo haría yo. No significa que tuviera libre esa primera semana. Al revés, porque por casa va desfilando la familia y hay que ocuparse. La primera semana estaría sobre todo en casa, y la segunda volcada en entretener al niño fuera.
*Mi suegro
Normalmente, mi suegro es el primero en llegar a la casona, porque le encanta el lugar. Hasta tal punto que ha comentado en algunas ocasiones que le interesaría comprármela, a lo que yo me he negado siempre. Como además está prejubilado desde el año pasado, tiene mucho tiempo libre, y le gusta disfrutarlo aprovechando que tiene una salud extraordinaria.
El patriarca es la viva imagen de sus herederos. Decir de él que es un viejo verde es quedarme corta. Como si fuera el padre de Julio Iglesias, aprovechando que no aparenta los sesenta años que está a punto de cumplir, pero que sí aparenta ser un tipo con dinero, suele tontear con jovencitas, con mucho éxito. Actualmente tiene una novia alemana de treinta y pocos, pero no la trajo con él a las vacaciones familiares porque la chica estaba visitando a su familia.
Es normal que se echase novia alemana. Siempre dice que le gustan las rubias, y desde que me conoció, nunca se ha contenido en piropearme de forma habitual. Recuerdo que la primera vez que lo vi me dijo: “Oye, si te cansas del tonto de mi hijo, vente conmigo”. Me lo dijo con toda la naturalidad, con media familia delante. Poniendo cara de bromista, claro. Pero de broma, ninguna. Y ese es el tono que usa siempre conmigo: como si fuera broma, pero diciendo las cosas bastante claras. Reconozco que es un caballero, y nunca se pasa de la línea de lo galante, y por eso creo que siempre he sido especialmente amable y cariñosa con él.
Este año se comportó más contenido de lo normal, imagino que porque ahora tiene su propia rubia treintañera. Aún así, dejó algunas frases dignas de su carácter, sobre todo una:
-¿Cómo no voy a querer pasar unos días con vosotros pudiendo ver a Julia por casa en bikini?
Esto lo dijo la primera tarde, mientras le servía un café con mi bikini verde de flores, y después de dedicarle a mi canalillo una mirada de varios segundos sin pestañear. Sonreí amablemente, porque sinceramente sus piropos siempre me halagan. Y como mi marido nunca osaría llamarle la atención a su propio padre, es una forma segura de que me suban el ego.
*Parientes
El resto de la familia de mi marido es enorme. Podría montar un equipo de baloncesto con mis cuatro cuñados. En carácter, todos se parecen más o menos a mi marido, que a su vez se parece a su padre: tradicionales pero casanovas. El bagaje de esa idiosincrasia familiar es tremendo: mi marido es el único casado, pero en segundo matrimonio, mientras que entre los demás hay otros dos divorciados (con hijos) y dos solteros (también con hijos). No son sólo hombres: tienen dos hermanas, las dos casadas (de momento), pero normalmente suelen acercarse por la casona sólo de visita. Por el contrario, mis cuatro cuñados no perdonan un solo verano sin venir, y se quedan a dormir al menos una semana.
Tenerles por casa es agotador física y mentalmente. Son fiesteros y bromistas, pero sobre todo, les gustan las mujeres, y parece que yo especialmente: no desperdician un minuto para mirarme o incluso rozarse conmigo en los pasillos, aunque siempre cuidan de no propasarse. La diferencia este año era que yo estaba preparada para contraatacar en su terreno. Aunque otra diferencia es que, desde los divorcios de dos de ellos, ahora soy la única mujer que pasa estas dos semanas con ellos en casa, aparte de mis hijastras. Recibimos visitas de primas y algunos primos con sus mujeres, pero básicamente toda la tensión sexual de estos cuatro la soporto yo sola.
*Mi cuñado José Luis
El más singular de todos mis cuñados es José Luis. Treintañero, melenudo, aire canalla, vividor, sin apenas relaciones estables, aunque tuvo un hijo con su secretaria. Un fenómeno. Ya se sabe que, dentro de las familias, cuando te cuelgan una etiqueta es imposible que te la quiten. La etiqueta de José Luis dice que, a pesar de su actitud, tiene un corazón de oro y es el mejor hermano de sus hermanos. Haga lo que haga, nadie se lo va a echar en cara. Y menos que nadie, mi marido, pues al parecer José Luis le ayudó durante el divorcio de Cecilia: es un abogado excelente, e hizo mucho en el tema de la custodia de las niñas.
La patente de corso que tiene José Luis para hacer lo que le da la real gana ha tenido siempre un objetivo preferente: yo.
Desde antes de casarme con su hermano, José Luis no se corta un pelo conmigo. No es simplemente que me mire hasta hartarse, y con intenciones, o que alguna vez se roce accidentalmente, porque eso lo hacen sus hermanos también: es que “Joselu” no se corta en comentarlo todo en voz alta, lanzándome piropos y demás frases propias de un albañil curtido. Y con mi marido delante, claro, porque como tiene buen corazón, nadie le recrimina que lo haga. Además, sus piropos no son como los de mi suegro, que al fin y al cabo es un señor de cierta edad y eso se nota en su estilo. Al principio de entrar en la familia, me abochornaba e incomodaba esa actitud. Pero reconozco que en los últimos años ha empezado a darme morbo que se tome esas libertades conmigo, aunque sigo manteniendo con él una relación muy tensa, para aparentar.
*Cocina
Me gusta cocinar. Afortunadamente, porque en estos días de vacaciones, me toca cocinar más que en todo el resto del año, aunque sean platos de verano sin mucha elaboración. Mis hijastras y una prima de mi marido ayudan, pero la cocina es mi reino en estos días de vacaciones. En los últimos años mis cuñados muestran un repentino interés por ayudar en la cocina, especialmente José Luis, que se deja caer mucho, casualmente siempre que estoy yo sola.
Normalmente estoy en camisola o vestido ligero en la cocina. Pero este año decidí aprovechar la excusa del calor para pasarme el día en bikini. Bikini, pero con delantal. Una imagen muy sugerente que no pasó desapercibida para ninguno de mis cuñados. La misma tarde que llegó, nada más verme haciendo unos canapés vestida con esa ropa, José Luis me soltó:
-Joder, cuñada, que sexy te pones para hacer la comida.
-Hace mucho calor, pepelu – le respondí, usando el diminutivo que más le molesta.
-Normal, como no va a hacer calor con ese cuerpazo – contraatacó él, para dominar la charla.
-Anda, no hables tanto, y ven a ayudar – le invité a acercarse.
Se lavó las manos y se puso a colaborar en los canapés y la ensalada. Aunque todo el rato sus ojos se iban a mi canalillo, y estaba bastante más cerca de mí de lo necesario para cocinar. Cada vez que yo me movía, notaba sus dos ojos en mi culo, y reconozco haberme contoneado un poco al hacerlo. Él no perdió ocasión y yo me aproveché.
-Mira para lo que estás haciendo, ¿no?
-Joder, Julia, es que tienes un culito que no puedo mirar otra cosa.
Cocinando en bikini conseguí que me ayudase en la cocina durante todas las vacaciones.
*La gran comida del domingo
La madre de todas las tradiciones dice que el domingo de vacaciones los cinco hermanos y el patriarca se van a pescar de mañana en la lancha de un amigo. Mientras tanto, yo me quedo sola y tranquila en casa, y preparo una gran ensalada de fruta que les encanta, con unas cuantas tortillas para acompañar lo que ellos hayan pescado. Hacemos esta comida, muy campera y veraniega, en el jardín de la casona, donde suele pegar muy fuerte el sol. Esa fue mi excusa, el sol.
Forcé un poco la máquina, sirviendo la comida en bikini. Me puse mi bikini dorado, para que fuese todavía más llamativo. Nunca antes había servido la comida a mis cuñados estando en bikini. Incluso este año, que cocinaba en bikini, me ponía una camisola para comer. Así que era novedad para ellos y para mí. Paseándome entre ellos, sirviendo la comida, notando roces de mis muslos o nalgas contra sus brazos u hombros, la situación era entre embarazosa y excitante. Mi marido la dio por normal, afortunadamente.
Me senté a comer entre mi cuñado Javier y mi suegro. A Javi, que probablemente sea el más tímido de los cinco hermanos, se le hacían los ojos chiribitas de mirarme. Mi suegro, más amable conmigo que nunca, estuvo toda la comida charlando animadamente, haciéndome bromas. Y cada vez que se reía, me plantaba suavemente su mano derecha en mi muslo izquierdo. Cuando acabó la comida, todos mis cuñados se prestaron voluntarios a ayudarme a recoger la mesa y llevar las cosas a la cocina.
No hay nada como ir semidesnuda. Dispara la solidaridad en las tareas domésticas.
–
Mi amiga Laura me ha liado.
Yo tenía libre la primera semana de agosto: mi hijo de campamento, mi marido cerrando flecos del negocio, y mis hijas políticas aprovechando esa semana para estar con amigos antes de las vacaciones en familia, que son ineludibles. Así que Laura y yo también aprovechamos y nos organizamos una escapadita. El año pasado lo planeamos, pero al final no pudo ser. Este año es diferente. Para mí esa semana de hotel, piscina y playa, solas mi amiga y yo, como dos solteras al acecho, supone llevar adelante una fantasía.
Aprovechando los precios de crisis, reservamos en un hotel íntimo, pero lujoso. No nos fuimos muy lejos, porque queríamos garantía de sol, pero buscamos algo apartado y más tranquilo de lo normal: hotel casi familiar, unas 20 habitaciones, piscina y terraza, cerquita de una preciosa cala entre las rocas. Una maravilla para pasar mi primera semana de vacaciones como “mujer morbosamente activa” y poder contároslo a todos los que me leéis.
Mi amiga Laura tiene mi edad y es soltera. Se libró de un novio celoso, y ahora está encantada. Es una de las pocas amigas que hice en mi adolescencia: los que tengáis memoria recordareis que ya he hablado antes de ella. Es muy morena de piel, pelo corto, delgada, bajita y voluptuosa, muy dicharachera, divertida y segura de sí misma. Perfecta para unas vacaciones.
Pensareis que dos mujeres, atractivas y solas una semana, seríamos un peligro público. En mi caso sabía que no sería así, porque Laura es amiga de mi marido y tienen mucha cercanía. Ella iba abierta a ligar, porque está “libre”, pero yo debo comportarme con ella delante. No creáis que esto estropeó la perspectiva morbosa. Más bien al revés: fue un aliciente ver hasta dónde podía llegar en mi morbo teniendo que contenerme y no llegar demasiado lejos.
*Lunes, 3 de agosto
Nos retrasamos un poco en llegar. Considerando que el trayecto implicaba barco y coche, no es de extrañar. En el ferry ya recibimos buenas dosis de miradas, furtivas y no tanto. Seguramente nos colgaron los primeros carteles de “lesbianas”.
Paramos a comer de camino. Sitio de carretera secundaria donde jamás habían entrado dos mujeres solas. Camareros y habituales del local no daban crédito. Más carteles de “lesbianas”, con total seguridad, pero no por ello los camareros dejaron de mirar nuestros escotes. Uno casi pierde los ojos en el canalillo de Laura, que iba más ligera y tiene unos pechos casi desproporcionados para ser tan bajita.
Llegamos al hotel en la siesta. No había nadie a la vista. Nos atendió un moreno, jovencito, guapo de verdad, con nombre autóctono: Yerai. Hicimos migas. Le preguntamos por sitios a donde ir e hizo un repaso: la cala paradisiaca, los chiringuitos de la cala, una terraza con discoteca, y una playa nudista, en la escollera. Le pregunté por todo, pero sobre todo por la nudista, para sorpresa de Laura.
-¿Qué tal está?
-Bien… A ver, es pequeñita, pero muy recogida, apartada, tranquila.
-¿Va mucha gente? – pregunté, denotando pudor por hacer nudismo
-No, que va. – dijo muy sincero – Sobre todo gente de aquí, porque esta zona es tranquila.
-¿Tú vas? – solté, con un descaro que me sorprendió a mí misma. Cosas de ser bloguera.
-Sí, algunas veces – me respondió, con normalidad.
La conversación no fue a más. Tomamos posesión de nuestra habitación compartida, y Laura hizo algún comentario sobre la conversación de la playa nudista. Un cuarto estupendo, no muy grande pero luminoso, con terraza hacia la piscina y el patio. Vimos poca gente y decidimos bajar. Para empezar fuerte, estrené bikini, de tanga celeste, aunque con pareo por encima. Al verlo, Laura también sacó bikini de tanga, rojo, que sugiere que le vaya a explotar por el pecho.
Abajo tomaban el sol tres parejas y un chico, que iba solo y parecía gay (por su bañador). Al quitarnos el pareo, el tanga desató una cadena de miradas, todas muy discretas al estar sus parejas presentes. Luego lo típico: crema, gafas de sol, libro, y a dorarse. Aparte de miradas mortales cada vez que alguien pasaba cerca de nosotras, sobre todo a esos pechos de Laura que parecían a punto de romper el bikini, no pasó nada relevante. Cenamos en la cafetería del hotel y fuimos temprano a descansar del viaje.
*Martes, 4 de agosto
Bajé a desayunar estrenando otro bikini, el “de estar”, con pareo, y Laura en camisola corta. Muchísimas miradas, porque en el bufet estarían casi todos los huéspedes. Laura tomaba ventaja: bajo la camisola, blanca y fina, no llevaba sujetador. Resultaba evidente que buscaba ligue. Es soltera del todo y tiene que estar pendiente de estas cosas. Incluso a mi empezaba a excitarme ver sus pezones marcados.
El plan del día era sencillo: playa.
Todo el día en la cala, lugar paradisiaco y tranquilo. Quizás demasiado, porque había poca gente y pocas miradas. Yo llevaba mi bikini amarillo, también de tanga, y Laura el rojo del día anterior. Aproveché para descansar, dormí bastante, un par de baños y paseos a la orilla, momentos en los que más miradas aparecían, seguramente porque este bikini, al mojarse, transparenta bastante. Me crucé con varios clientes del hotel, que me miraba atentísimos. Realmente no estoy acostumbrada a pasearme por la playa con un tanga pequeñito. Puede decirse que era mi primera vez. La sensación de notar mis nalgas totalmente al aire, bamboleándose en medio de la playa, era nueva y excitante.
Comimos un bocadillo en el chiringuito. Los clientes miraban hasta desnudarnos si sus parejas no estaban atentas. Hicimos amistad con los dos camareros varones, chicos de unos treinta años, no especialmente guapos, pero fornidos y educados. Se les veía encantados de charlar con nosotras, dos “chicas tanga”, para desesperación de la única camarera mujer, a la cual le robábamos la atención de personal y clientes.
El plan del día se ciñó a eso. Noté, sin dificultad, que Laura parecía interesada en uno de los camareros. Así que la tarde fue por el mismo camino: sol y playa, algún baño, y otras dos visitas largas al chiringuito. No protesté, porque el plan me gustaba. Los camareros nos miraban justo como me gusta: no disimulaban apenas, pero miraban con respeto. Hacían comentarios ligeros y amables sobre nuestros cuerpos, seguramente para tantearnos. Y los clientes miraron hasta quedar ciegos, pero siempre a una distancia prudente.
*Miércoles, 5 de agosto
Contraataqué en el desayuno, también en camisola sin sujetador. Para ver, en igualdad de condiciones, quien de las dos atraía más miradas. Laura lo notó, pero no dijo nada. Y gané. Me gustó sobre todo un huésped, de unos cuarenta, bajito. Me lo había cruzado también en la playa. Se giró de recoger su café, justo delante de mí en la cola, y al darse la vuelta de repente se encontró por sorpresa con mis pechos. Su cara de admiración fue halagadora y entrañable.
Sabía que Laura querría volver a la playa, por los camareros, así que hice mi estrategia: pregunté por los planes para el día, ella respondió lo que yo ya sabía, y dije que de acuerdo, pero que para el día siguiente hacía yo el plan. Aceptó, que es lo que yo quería.
Tomé la iniciativa de echarnos al sol muy cerca del chiringuito. Era algo atrevido, como diciendo a los camareros “eh, chicos, estamos aquí para que nos miréis”, pero ella intuyó que lo hacía por ella, como buena amiga, y lo aceptó. La verdad, yo también prefería estar allí cerca, sabiendo que nos miraría más gente que en otro lugar de la cala: además de los camareros, todos los clientes que pasasen por allí en todo el día. Llevé mi bikini rosa metálico. Junto a las gafas de sol y el sombrero de paja, parecía una famosa de revista pasando sus vacaciones. Le presté la pamela blanca a Laura, que se puso un bikini blanco que le sienta de maravilla. Claramente, ella quería ir a arrollar a los camareros.
Nada más llegar, sin pensármelo mucho y con naturalidad, me quité la parte de arriba. No soy mucho de hacer top less. Laura lo sabe, le sorprendió verme, pero estuvo rápida e hizo lo mismo. Al fin y al cabo, era ella la que tenía objetivos con los chicos del chiringuito. Para lo grande que es su pecho, sus pezones no lo son tanto, pero son muy respingones. Los míos sorprenden normalmente por el tamaño y por ser tan oscuros. El desfile de pezones improvisado hizo que en el chiringuito, que estaba a unos seis metros, se parase el tiempo. Literalmente. Las mujeres de dos de los clientes se pusieron también en top less, de forma inmediata, sin esforzarse en disimular la rivalidad.
El resto del día fue como el anterior, pero en top less. Es sorprendente, pero horas después de quedarnos con los pechos al aire, los camareros y clientes seguían sin cansarse de verlos.
*Jueves, 6 de agosto
Lo interesante del jueves era que yo hacía los planes.
Sabía que Laura tenía expectativas con el chiringuito, así que le concedí que por la tarde volveríamos a ver a los chicos, lo cual me agradeció enormemente. La verdad, después del día anterior en top less, no me parecía que fuese difícil para ella echarle el guante a uno de los camareros, cuando no a los dos a la vez, simplemente si se lo proponía.
Solté la bomba informativa durante el desayuno. Deliberadamente, no bajé demasiado la voz:
-He pensado que por la mañana podemos ir a la playa nudista que nos dijo el de recepción.
Lo dije para Laura, que se quedó asombrada, pero también para algunos huéspedes que desayunaban cerca de nosotras. En sus ojos se leía fácilmente que les gustaría estar allí para vernos. Laura aceptó. Con reservas, pero como llevaba todo el rato ayudándola con sus ligues, acató mis planes. Me puse la braguita blanca y el vestido arena, para no tener que quitar mucha ropa luego en la playa. Laura se puso bikini entero, quizás por si se arrepentía.
Llegamos a la nudista, que estaba cerca. Y me desnudé. Era algo que tenía pendiente desde que abrí el blog. Sólo había hecho nudismo dos veces antes, pero de forma más discreta, sin moverme demasiado de mi toalla. Para mi propia sorpresa, me sentí muy cómoda, aunque reconozco que me excitaba y avergonzaba caminar desnuda por la playa. Sensaciones nuevas, extrañas, pero agradables. Laura también parecía llevarlo mejor de lo esperado, pero no se movió en toda la mañana de la toalla, mientras que yo hice varios paseos hasta el mar.
Había mirones, y entre ellos me pareció ver a alguno del hotel. Y sin esperarlo me crucé al cuarentón bajito. El mismo que, en la cola del café, se había chocado conmigo. Yo salía de nadar en el mar. Mojada y desnuda, mis pezones durísimos por el agua fría del mar. Él no tenía pinta de ir a la nudista habitualmente, y me halagó tanto pensar si habría ido sólo por vernos, que entablé conversación con él, sin ninguna excusa. Eso le ruborizó, pero desde luego que lo disfrutó. Hablamos del hotel y trivialidades, un buen rato. Yo no tenía prisa, quería que me viese todo cuanto quisiese. Y él tampoco tenía prisa, desde luego.
Personalmente, la sensación más rara y estimulante era estar charlando normalmente mientras notaba el aire del mar dándome directamente sobre el pubis desnudo. Y más al estar conversando con un absoluto extraño.
La nudista dio para poco más. Por la tarde fuimos al chiringuito, los camareros nos invitaron a cenar y salimos a tomar un par de copas, porque ellos la noche siguiente la trabajaban entera. Laura se mostró más comedida de lo que yo esperaba, pero les pidió el teléfono: al parecer trabajan durante el año cerca de donde ella vive.
La mañana del viernes 7, bien temprano, salíamos de vuelta, sin resaca. Laura se iba con el número de móvil de los chicos del chiringuito. Y yo tenía que recoger a mi hijo en el campamento, para empezar oficialmente las vacaciones en familia..
*Conclusión
Dos chicas atractivas y solas llaman la atención y dan mucho morbo. Pero a distancia. A la hora de acercarse, o rematar, los hombres se cortan, no se atreven a acercarse a dos mujeres por mucho que les atraigan y las miren. Seguramente, porque les da vergüenza intentarlo con las dos, pero tampoco hay que descartar que, al ser dos mujeres solas, crean que se trata de dos lesbianas, una pareja que no está interesada en la atención que recibe de los chicos a su paso.
Desde luego, fue una gran semana, para abrir boca de verano.
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